Las letras de este conocidísimo bolero nos ayudarán a pensar las palabras de Cristo, las cuales hemos oído -o se van a oír mañana- en el evangelio según san Marcos, el de este domingo.
Dos cosas diré al respecto.
La primera, ultraconocida: nadie sabe ni el día ni la hora. Nadie!! Es impresionante la sarta de nigromantes, brujos, iglesias, sectas, gurúes, etc, etc, que, en un alambique de cálculos, predicciones, armados y rearmados de los textos de la Biblia, del calendario maya, de Nostradamus; en fin, de un montón de elucubraciones, dan fechas, años, meses y días, inclusive, de un supuesto, terrible, catastrófico y justiciero fin del mundo.
Nada más falso! Ni Cristo sabe el día ni la hora: sólo el Padre. Sólo Él conoce el momento en que los últimos tiempos serán eso, últimos. Y esto es una llamada seria a la reflexión y a la conversión, ya que no podemos estar en la comodidad de nuestras vidas, sin vivir a concho en la plenitud de Cristo, que es amor, nuestra existencia. Como dije al principio, "como si fuera esta noche la última vez". O sea, te pregunto si estás confesado, si has celebrado con frecuencia la Eucaristía, si has vivido en la fraternidad, en el compartir con los hermanos, con los pobres, si te has reconciliado con quien mantienes conflictos... Y tantas cosas a las cuales estamos llamados. No sea que llegue aquel día, y te pillen sin aceite. Y no sólo a los tiempos finales de la humanidad, sino también a nuestro propio tiempo escatológico: la muerte.
Lo otro es la imagen que tenemos de este final...
Han pensado cómo va a ser? Muchos, aterrorizados piensan en aquel momento como una hecatombe horrorosa, donde el fuego, la sangre y la "Dies Irae" se manifestará en su poder y rimbombancia.
Pero Cristo dice: "De la higuera aprended esta parábola: cuando ya sus ramas estén tiernas y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis que sucede esto, sabed que Él está cerca, a las puertas" (Mc 13, 28-29).
Han pensado cómo es el verano? Guardando los simbolismos de esa época, tengo claro que el verano no es una época mala: es la estación de la alegría, del relajo, de la paz. Es en esta época en que muchos frutos florecen, época de cosechas alegres. En fin, es un tiempo de la abundancia de lo bueno, de lo delicioso.
Y a esto nos invita esta palabra: los últimos tiempos son la antesala de la alegría plena, de la plenitud del amor, del goce perpetuo y total con Dios, con todo el coro celestial, con cristo, con María... Es lo mejor, sencillamente, es lo total, la dicha llevada a los infinitos niveles que sólo Dios nos concede, ilimitado como su amor.
Estas palabras, tomadas del discurso escatológico sobre la ruina de Jerusalén*, nos invitan a pensar en una auténtica esperanza, pero basada también en la responsabilidad que tenemos en este mundo, en nuestra historia, en nuestro vivir en el amor. No podemos estar cómodos, esperando que llegue Jesús. No!! ponte de pie, camina, y sé sal y luz en un mundo que tiene hambre y sed de Dios.
Paz.-
* El mismo discurso escatológico en Mateo 24 adquiere ribetes ya universales. Las palabras de Jesús, en Marcos 13, mantienen el sentido original, la ruina de Jerusalén. No está de más decir que ambas lecturas del fin de los tiempos tienen sentidos diferentes, según las comunidades que han recibido primero estos evangelios.
The love is the dance of eternity (Dream Theater, Metropolis part 1: The Miracle and the Sleeper)
domingo, 18 de noviembre de 2012
lunes, 12 de noviembre de 2012
Y la amistad...
Cuántas palabras suelen salir de mi boca
pero es sólo una la que entraña todo.
Amistad.
Cuántos caminos recorriste, cuántos
valles cultivaste,
o pantanos te devoraron,
cuántas risas se pusieron
en olor de felicidad
de cerros.
Cuántas manos se unieron para
el universo
de los poemas y las tallas.
Juntos, nada tiene negror,
tiene el alegre sueño de las brisas y
esas veladas, esas guitarras y un
mañana para ser mejores.
Y si llega el nublado, somos bengalas,
si lluvia, paraguas, si sol,
más sol, pero no ese que daña, sino el calo fecundo de una
comunidad.
No nos arrepentimos,
cuando quisimos cruzar el
umbral,
la puerta de lo afable,
de esa niñez eterna,
de ese adulto sincero,
de ese anciano cuenta-vidas,
esa mesa de la gracia y el amor
llamada
amistad.
pero es sólo una la que entraña todo.
Amistad.
Cuántos caminos recorriste, cuántos
valles cultivaste,
o pantanos te devoraron,
cuántas risas se pusieron
en olor de felicidad
de cerros.
Cuántas manos se unieron para
el universo
de los poemas y las tallas.
Juntos, nada tiene negror,
tiene el alegre sueño de las brisas y
esas veladas, esas guitarras y un
mañana para ser mejores.
Y si llega el nublado, somos bengalas,
si lluvia, paraguas, si sol,
más sol, pero no ese que daña, sino el calo fecundo de una
comunidad.
No nos arrepentimos,
cuando quisimos cruzar el
umbral,
la puerta de lo afable,
de esa niñez eterna,
de ese adulto sincero,
de ese anciano cuenta-vidas,
esa mesa de la gracia y el amor
llamada
amistad.
domingo, 4 de noviembre de 2012
El "mandamientos" (Mc 12, 28-34)
El Evangelio propuesto en este domingo es bastante curioso, a mi juicio... Vemos a un escriba, hombre conocedor de la Ley, la Torá, parte de esa élite detentora del tesoro de la escritura y la lectura. Por ende, un hombre altamente instruido, y con espíritu altamente teológico.
Este escriba no tiene el carácter "pillín" de Lc 10, 25-28, el cual, no contento con la respuesta que veremos a continuación, le entabló otra duda, la cual daría origen a la parábola del Buen Samaritano. No, éste era un hombre que se había maravillado ante las respuestas de Cristo ante cuestiones anteriores (El tributo al César, la resurrección de los muertos, Mc 12, 13-27), y quizá, con un poco de malicia, desconfianza, maravilla, o las ganas irrefrenables de aclarar algo que lo corroía (o simple curiosidad) le formula una duda.
La pregunta decía así: "¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?".
Y, claro, uno se preguntará que cómo un hombre conocedor de la Ley, cumplidor y estudioso de ella, realiza tan, por decirlo menos, curiosa pregunta. Quizá sea producto de una reflexión, la cual estaría confirmada al final del episodio... Por eso, esperemos la respuesta de Jesús!
Y fue ésta: "El primero es: Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con toda tus fuerzas" (Vs. 30). Las palabras del Shemá, la declaración solemne de fe del pueblo hebreo, resonó fuerte, clara. Interesante ver que se agrega el trozo "con toda tu mente", ausente en el Deuteronomio 6, 4. Cristo lleva a plenitud la entrega de amor, cubriendo todos los espacios vitales del espíritu humano, como respuesta ante este Dios que salva y que se presenta en carne ante los Hombres, que lleva el Reino de paz, amor y justicia a los rincones más inaccesibles de la geografía, la física y la del alma.
Pero no termina, Jesús nos tiene otra: "El segundo es: amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Vs 30a)
El prójimo!! El que tienes al lado, el que sufre, el que está en aflicción, el pecador, aquél que te martiriza, tu enemigo... Todos ellos son los prójimos, los otros Cristos, los que se manifiestan en diversas formas... estamos llamados a amarlos, a amarlos de verdad, sin ver esto del "mandamentum", de la ordenanza jurídica, de la orden que debe ser cumplida. Amar es una gracia, un don que llega con la fe, y llena y colma las demás virtudes que poseemos, les da un sentido.
Dios es amor, y, como leí, el amor es Dios. Y ambos mandamientos son, a la verdad, uno: "No existe otro MANDAMIENTO (sí, en singular), mayor que estos" (vs. 30b)... Uno no puede ir separado del otro, nadie puede decir "amo a Dios" si no es capaz de amar al semejante, a su próximo!! El amor es expresión plena, absoluta, que cruza cielo y tierra. Nadie ama a Dios si no abandona el individualismo, y no escucha y observa los signos de los tiempos, las miserias espirituales y materiales de miles. Es más: al amar al prójimo, se acerca y ve en esa expresión el amor a Dios, con todo lo que contiene y entrega.
Amor, mayor que todos los ritos, sacrificios, ofrendas y holocaustos, reglas y exacciones... Esas es la conclusión del escriba, repitiendo nuevamente la frase del Shemá. No nos quedemos, pues, pensando en agradar a Dios cumpliendo votos: el vivir la vida de la Iglesia no es para sí, sino como respuesta plena de ese amor que se manifiesta sacramentalmente, y en forma limitada, en nuestra realidad terrena, y que se vivirá a concho en la plenitud de los tiempos, en el Cielo.
Entreguémonos, pues a este amor, amor que es capaz de dar la vida por todos, incluso por aquéllos que no lo merecen, para estar menos lejos del Reino (cf Mc 12, 34), es decir, para estar en el completo seguimiento de Jesús.
La paz.-
sábado, 20 de octubre de 2012
Concilium
Luz
hambre de ser
enviado,
de ser semilla
sal
fermento.
No más seguridades,
a vivir en el frío
de un mundo que nos requiere
no más comodidades
Cristo viene al mundo,
para hablar en su lengua,
en su historia
la omnipotencia de Dios
que habla en amor,
nada más que en amor.
Concilio,
una ventana abierta, un mundo nuevo
la sangre y el cuerpo
se hace uno con su cuerpo y sangre.
Celebremos con acciones de gracias,
donde cada lengua se hace una sola
amor
gracias
bendición
petición.
Paz para este mundo, para
América
que se hace
Iglesia
de pobre, de pobres amados del Señor.
Concilio
Sacar la podredumbre, y mostrarla
y decir:
"Acá estamos, Señor, esto te ofrecemos"
Barrer las viejas oscuridades
llenarlas de luz...
Basta de misas sin sonrisas, puros ritos sin corazón, sin
Pueblo de Dios
Basta de condenas
Basta de abandonar las Escrituras
Basta de encerrarnos.
Ha llegado la luz.
La Iglesia.
![]() |
| Joseph Ratzinger (Benedicto XVI) y Karl Rahner |
viernes, 5 de octubre de 2012
Breve reflexión electoral
Un candidato es una persona que se presenta, junto a otros candidatos, para competir contra ellos en un acto eleccionario. Pueden ser miembros de un determinado partido político, por ende representantes de alguna corriente ideológica (aunque hoy no es muy bien visto hablar en nombre de las propias ideas que representa), como también no pertenecer a partido alguno, o sea, se presentan como candidatos independientes. Gana aquél que obtenga más votos por parte de los ciudadanos.
La palabra candidato proviene del latín "candidatus", que, a la vez deriva de "candidus"... Que significa "blanco brillante, refulgente". Quienes pretendían ocupar algún cargo en la antigua Roma, vestían de claras e inmaculadas ropas blancas. El sentido de esto era doble:
- El blanco es símbolo de pureza, de victoria, de fidelidad y humanidad. Quienes se presentaban eran personas con elevadas cualidades morales, aptas para el servicio, con vocación sincera.
- Las togas blancas que utilizaban dejaba ver las heridas que sufrieron en guerras en las cuales ellos formaron parte. Dejaba entrever que los potenciales ocupantes de los cargos eran personas valerosas, capaces de luchar por aquéllo en que creían y po su pueblo a quien representaban.
Pregunta para la reflexión: ¿Vemos verdaderos "candidatus" en nuestro entorno? Si no es así, ¿qué podemos hacer como seguidores de Cristo para mejorar aquéllo? ¿Qué hemos hecho nosotros con respecto a esta realidad, y en la política en general?
Paz.-
domingo, 23 de septiembre de 2012
Cantinflas: una muestra de su humanidad...
Cantinflas representa para mí el prototipo del hombre, de aquel hombre común que no se dejó llevar por el exitismo, a pesar de la fama y las monedas acumuladas... No, era sólo un hombre, un ser humano más, y llevando en su conciencia esa premisa que todos olvidamos, nos lego un testimonio de gran riqueza y valor sin límites.
El discurso...
"Me ha tocado en suerte ser último orador, cosa que me alegra mucho porque, como quien dice, así me los agarro cansados. Sin embargo, sé que a pesar de la insignificancia de mi país que no tiene poderío militar, ni político, ni económico, ni mucho menos atómico, todos ustedes esperan con interés mis palabras ya que de mi voto depende el triunfo de los Verdes o de los Colorados.
Señores Representantes: estamos pasando un momento crucial en que la humanidad se enfrenta a la misma humanidad. Estamos viviendo un momento histórico en que el hombre científica e intelectualmente es un gigante, pero moralmente es un pigmeo. La opinión mundial está tan profundamente dividida en dos bandos aparentemente irreconciliables, que dado el singular caso, que queda en solo un voto. El voto de un país débil y pequeño pueda hacer que la balanza se cargue de un lado o se cargue de otro lado. Estamos, como quien dice, ante una gran báscula: por un platillo ocupado por los Verdes y con otro platillo ocupado por los Colorados. Y ahora llego yo, que soy de peso pluma como quien dice, y según donde yo me coloque, de ese lado seguirá la balanza. ¡Háganme el favor!... ¿No creen ustedes que es mucha responsabilidad para un solo ciudadano? No considero justo que la mitad de la humanidad, sea la que fuere, quede condenada a vivir bajo un régimen político y económico que no es de su agrado, solamente porque un frívolo embajador haya votado, o lo hayan hecho votar, en un sentido o en otro.
El que les habla, su amigo... yo... no votaré por ninguno de los dos bandos. Y yo no votaré por ninguno de los dos bandos debido a tres razones: primera, porque, repito que no sería justo que el solo voto de un representante, que a lo mejor está enfermo del hígado, decidiera el destino de cien naciones; segunda, estoy convencido de que los procedimientos, repito, recalco, los procedimientos de los Colorados son desastrosos; ¡y Tercera!... porque los procedimientos de los Verdes tampoco son de lo más bondadoso que digamos. Y si no se callan ya yo no sigo, y se van a quedar con la sensación de saber lo que tenía que decirles.
Insisto que hablo de procedimientos y no de ideas ni de doctrinas. Para mí todas las ideas son respetables, aunque sean “ideítas” o “ideotas”, aunque no esté de acuerdo con ellas. Lo que piense ese señor, o ese otro señor, o ese señor, o ese de allá de bigotico que no piensa nada porque ya se nos durmió, eso no impide que todos nosotros seamos muy buenos amigos. Todos creemos que nuestra manera de ser, nuestra manera de vivir, nuestra manera de pensar y hasta nuestro modito de andar son los mejores; y el chaleco se lo tratamos de imponérselo a los demás y si no lo aceptan decimos que son unos tales y unos cuales y al ratito andamos a la greña. ¿Ustedes creen que eso está bien? Tan fácil que sería la existencia si tan sólo respetásemos el modo de vivir de cada quién. Hace cien años ya lo dijo una de las figuras más humildes pero más grandes de nuestro continente: “El respeto al derecho ajeno es la paz”. Así me gusta... no que me aplaudan, pero sí que reconozcan la sinceridad de mis palabras.
Yo estoy de acuerdo con todo lo que dijo el representante de Salchichonia (alusión a Alemania) con humildad, con humildad de albañiles no agremiados debemos de luchar por derribar la barda que nos separa, la barda de la incomprensión, la barda de la mutua desconfianza, la barda del odio, el día que lo logremos podemos decir que nos volamos la barda. Pero no la barda de las ideas, ¡eso no!, ¡nunca!, el día que pensemos igual y actuemos igual dejaremos de ser hombres para convertirnos en máquinas, en autómatas.
Este es el grave error de los Colorados, el querer imponer por la fuerza sus ideas y su sistema político y económico, hablan de libertades humanas, pero yo les pregunto: ¿existen esas libertades en sus propios países? Dicen defender los Derechos del Proletariado pero sus propios obreros no tienen siquiera el derecho elemental de la huelga, hablan de la cultura universal al alcance de las masas pero encarcelan a sus escritores porque se atreven a decir la verdad, hablan de la libre determinación de los pueblos y sin embargo hace años que oprimen una serie de naciones sin permitirles que se den la forma de gobierno que más les convenga. ¿Cómo podemos votar por un sistema que habla de dignidad y acto seguido atropella lo más sagrado de la dignidad humana que es la libertad de conciencia eliminando o pretendiendo eliminar a Dios por decreto? No, señores representantes, yo no puedo estar con los Colorados, o mejor dicho con su modo de actuar; respeto su modo de pensar, allá ellos, pero no puedo dar mi voto para que su sistema se implante por la fuerza en todos los países de la tierra. ¡El que quiera ser Colorado que lo sea, pero que no pretenda teñir a los demás! —los Colorados se levantan para salir de la Asamblea—.
¡Un momento jóvenes!, ¿pero por qué tan sensitivos? Pero si no aguantan nada, no, pero si no he terminado, tomen asiento. Ya sé que es costumbre de ustedes abandonar estas reuniones en cuanto oyen algo que no es de su agrado; pero no he terminado, tomen asiento, no sean precipitosos... todavía tengo que decir algo de los Verdes, ¿no les es gustaría escucharlo?
Y ahora, mis queridos colegas Verdes, ¿ustedes qué dijeron?: “Ya votó por nosotros”, ¿no?, pues no, jóvenes, y no votaré por ustedes porque ustedes también tienen mucha culpa de lo que pasa en el mundo, ustedes también son medio soberbios, como que si el mundo fueran ustedes y los demás tienen una importancia muy relativa, y aunque hablan de paz, de democracia y de cosas muy bonitas, a veces también pretenden imponer su voluntad por la fuerza, por la fuerza del dinero. Yo estoy de acuerdo con ustedes en que debemos luchar por el bien colectivo e individual, en combatir la miseria y resolver los tremendos problemas de la vivienda, del vestido y del sustento. Pero en lo que no estoy de acuerdo con ustedes es la forma que ustedes pretenden resolver esos problemas, ustedes también han sucumbido ante el materialismo, se han olvidado de los más bellos valores del espíritu pensando sólo en el negocio, poco a poco se han ido convirtiendo en los acreedores de la Humanidad y por eso la Humanidad los ve con desconfianza.
El día de la inauguración de la Asamblea, el señor embajador de Lobaronia dijo que el remedio para todos nuestros males estaba en tener automóviles, refrigeradores, aparatos de televisión; ju... y yo me pregunto: ¿para qué queremos automóviles si todavía andamos descalzos?, ¿para qué queremos refrigeradores si no tenemos alimentos que meter dentro de ellos?, ¿para qué queremos tanques y armamentos si no tenemos suficientes escuelas para nuestros hijos?
Debemos de pugnar para que el hombre piense en la paz, pero no solamente impulsado por su instinto de conservación, sino fundamentalmente por el deber que tiene de superarse y de hacer del mundo una morada de paz y de tranquilidad cada vez más digna de la especie humana y de sus altos destinos. Pero esta aspiración no será posible si no hay abundancia para todos, bienestar común, felicidad colectiva y justicia social. Es verdad que está en manos de ustedes, de los países poderosos de la tierra, ¡Verdes y Colorados!, el ayudarnos a nosotros los débiles, pero no con dádivas ni con préstamos, ni con alianzas militares.
Ayúdennos pagando un precio más justo, más equitativo por nuestras materias primas, ayúdennos compartiendo con nosotros sus notables adelantos en la ciencia, en la técnica... pero no para fabricar bombas sino para acabar con el hambre y con la miseria. Ayúdennos respetando nuestras costumbres, nuestra dignidad como seres humanos y nuestra personalidad como naciones por pequeños y débiles que seamos; practiquen la tolerancia y la verdadera fraternidad, que nosotros sabremos corresponderles, pero dejen ya de tratarnos como simples peones de ajedrez en el tablero de la política internacional. Reconózcannos como lo que somos, no solamente como clientes o como ratones de laboratorio, sino como seres humanos que sentimos, que sufrimos, que lloramos.
Señores representantes, hay otra razón más por la que no puedo dar mi voto: hace exactamente veinticuatro horas que presenté mi renuncia como embajador de mi país, espero me sea aceptada. Consecuentemente no les he hablado a ustedes como Excelencia sino como un simple ciudadano, como un hombre libre, como un hombre cualquiera pero que, sin embargo, cree interpretar el mayor anhelo de todos los hombres de la tierra, el anhelo de vivir en paz, el anhelo de ser libre, el anhelo de legar a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos un mundo mejor en el que reine la buena voluntad y la concordia. Y qué fácil sería, señores, lograr ese mundo mejor en que todos los hombres blancos, negros, amarillos y cobrizos, ricos y pobres pudiésemos vivir como hermanos. Si no fuéramos tan ciegos, tan obcecados, tan orgullosos, si tan sólo rigiéramos nuestras vidas por las sublimes palabras que hace dos mil años dijo aquel humilde carpintero de Galilea, sencillo, descalzo, sin frac ni condecoraciones: “Amaos... amaos los unos a los otros”, pero desgraciadamente ustedes entendieron mal, confundieron los términos, ¿y qué es lo que han hecho?, ¿qué es lo que hacen?: - Armaos los unos contra los otros -.
He dicho..."
Y la Película...
Mostrando en sus personajes las vivencias y desventuras del humilde, del pobre, Cantinflas llevo en sí el mensaje de solidaridad, de paz y de Buena Nueva que Cristo anunciara a tantos desventurados que, como hoy, tienen hambre y sed de justicia.
Para reflejar esto, les dejo dos regalos: un discurso, pronunciado en la película Su Excelencia, bajo la manta de Lopitos, sencillo trabajador público que, por las circunstancias de la vida, se convirtió en el embajador de una muy imaginaria República de los Cocos. Un mensaje de paz, de esperanza, pronunciado en un momento crítico, en el contexto de la Guerra Fría, pero que tiene validez para nuestros tiempos. Y, obviamente, la película, para que la disfruten y saquen lecciones para la vida.
La Paz.-
El discurso...
"Me ha tocado en suerte ser último orador, cosa que me alegra mucho porque, como quien dice, así me los agarro cansados. Sin embargo, sé que a pesar de la insignificancia de mi país que no tiene poderío militar, ni político, ni económico, ni mucho menos atómico, todos ustedes esperan con interés mis palabras ya que de mi voto depende el triunfo de los Verdes o de los Colorados.
Señores Representantes: estamos pasando un momento crucial en que la humanidad se enfrenta a la misma humanidad. Estamos viviendo un momento histórico en que el hombre científica e intelectualmente es un gigante, pero moralmente es un pigmeo. La opinión mundial está tan profundamente dividida en dos bandos aparentemente irreconciliables, que dado el singular caso, que queda en solo un voto. El voto de un país débil y pequeño pueda hacer que la balanza se cargue de un lado o se cargue de otro lado. Estamos, como quien dice, ante una gran báscula: por un platillo ocupado por los Verdes y con otro platillo ocupado por los Colorados. Y ahora llego yo, que soy de peso pluma como quien dice, y según donde yo me coloque, de ese lado seguirá la balanza. ¡Háganme el favor!... ¿No creen ustedes que es mucha responsabilidad para un solo ciudadano? No considero justo que la mitad de la humanidad, sea la que fuere, quede condenada a vivir bajo un régimen político y económico que no es de su agrado, solamente porque un frívolo embajador haya votado, o lo hayan hecho votar, en un sentido o en otro.
El que les habla, su amigo... yo... no votaré por ninguno de los dos bandos. Y yo no votaré por ninguno de los dos bandos debido a tres razones: primera, porque, repito que no sería justo que el solo voto de un representante, que a lo mejor está enfermo del hígado, decidiera el destino de cien naciones; segunda, estoy convencido de que los procedimientos, repito, recalco, los procedimientos de los Colorados son desastrosos; ¡y Tercera!... porque los procedimientos de los Verdes tampoco son de lo más bondadoso que digamos. Y si no se callan ya yo no sigo, y se van a quedar con la sensación de saber lo que tenía que decirles.
Insisto que hablo de procedimientos y no de ideas ni de doctrinas. Para mí todas las ideas son respetables, aunque sean “ideítas” o “ideotas”, aunque no esté de acuerdo con ellas. Lo que piense ese señor, o ese otro señor, o ese señor, o ese de allá de bigotico que no piensa nada porque ya se nos durmió, eso no impide que todos nosotros seamos muy buenos amigos. Todos creemos que nuestra manera de ser, nuestra manera de vivir, nuestra manera de pensar y hasta nuestro modito de andar son los mejores; y el chaleco se lo tratamos de imponérselo a los demás y si no lo aceptan decimos que son unos tales y unos cuales y al ratito andamos a la greña. ¿Ustedes creen que eso está bien? Tan fácil que sería la existencia si tan sólo respetásemos el modo de vivir de cada quién. Hace cien años ya lo dijo una de las figuras más humildes pero más grandes de nuestro continente: “El respeto al derecho ajeno es la paz”. Así me gusta... no que me aplaudan, pero sí que reconozcan la sinceridad de mis palabras.
Yo estoy de acuerdo con todo lo que dijo el representante de Salchichonia (alusión a Alemania) con humildad, con humildad de albañiles no agremiados debemos de luchar por derribar la barda que nos separa, la barda de la incomprensión, la barda de la mutua desconfianza, la barda del odio, el día que lo logremos podemos decir que nos volamos la barda. Pero no la barda de las ideas, ¡eso no!, ¡nunca!, el día que pensemos igual y actuemos igual dejaremos de ser hombres para convertirnos en máquinas, en autómatas.
Este es el grave error de los Colorados, el querer imponer por la fuerza sus ideas y su sistema político y económico, hablan de libertades humanas, pero yo les pregunto: ¿existen esas libertades en sus propios países? Dicen defender los Derechos del Proletariado pero sus propios obreros no tienen siquiera el derecho elemental de la huelga, hablan de la cultura universal al alcance de las masas pero encarcelan a sus escritores porque se atreven a decir la verdad, hablan de la libre determinación de los pueblos y sin embargo hace años que oprimen una serie de naciones sin permitirles que se den la forma de gobierno que más les convenga. ¿Cómo podemos votar por un sistema que habla de dignidad y acto seguido atropella lo más sagrado de la dignidad humana que es la libertad de conciencia eliminando o pretendiendo eliminar a Dios por decreto? No, señores representantes, yo no puedo estar con los Colorados, o mejor dicho con su modo de actuar; respeto su modo de pensar, allá ellos, pero no puedo dar mi voto para que su sistema se implante por la fuerza en todos los países de la tierra. ¡El que quiera ser Colorado que lo sea, pero que no pretenda teñir a los demás! —los Colorados se levantan para salir de la Asamblea—.
¡Un momento jóvenes!, ¿pero por qué tan sensitivos? Pero si no aguantan nada, no, pero si no he terminado, tomen asiento. Ya sé que es costumbre de ustedes abandonar estas reuniones en cuanto oyen algo que no es de su agrado; pero no he terminado, tomen asiento, no sean precipitosos... todavía tengo que decir algo de los Verdes, ¿no les es gustaría escucharlo?
Y ahora, mis queridos colegas Verdes, ¿ustedes qué dijeron?: “Ya votó por nosotros”, ¿no?, pues no, jóvenes, y no votaré por ustedes porque ustedes también tienen mucha culpa de lo que pasa en el mundo, ustedes también son medio soberbios, como que si el mundo fueran ustedes y los demás tienen una importancia muy relativa, y aunque hablan de paz, de democracia y de cosas muy bonitas, a veces también pretenden imponer su voluntad por la fuerza, por la fuerza del dinero. Yo estoy de acuerdo con ustedes en que debemos luchar por el bien colectivo e individual, en combatir la miseria y resolver los tremendos problemas de la vivienda, del vestido y del sustento. Pero en lo que no estoy de acuerdo con ustedes es la forma que ustedes pretenden resolver esos problemas, ustedes también han sucumbido ante el materialismo, se han olvidado de los más bellos valores del espíritu pensando sólo en el negocio, poco a poco se han ido convirtiendo en los acreedores de la Humanidad y por eso la Humanidad los ve con desconfianza.
El día de la inauguración de la Asamblea, el señor embajador de Lobaronia dijo que el remedio para todos nuestros males estaba en tener automóviles, refrigeradores, aparatos de televisión; ju... y yo me pregunto: ¿para qué queremos automóviles si todavía andamos descalzos?, ¿para qué queremos refrigeradores si no tenemos alimentos que meter dentro de ellos?, ¿para qué queremos tanques y armamentos si no tenemos suficientes escuelas para nuestros hijos?
Debemos de pugnar para que el hombre piense en la paz, pero no solamente impulsado por su instinto de conservación, sino fundamentalmente por el deber que tiene de superarse y de hacer del mundo una morada de paz y de tranquilidad cada vez más digna de la especie humana y de sus altos destinos. Pero esta aspiración no será posible si no hay abundancia para todos, bienestar común, felicidad colectiva y justicia social. Es verdad que está en manos de ustedes, de los países poderosos de la tierra, ¡Verdes y Colorados!, el ayudarnos a nosotros los débiles, pero no con dádivas ni con préstamos, ni con alianzas militares.
Ayúdennos pagando un precio más justo, más equitativo por nuestras materias primas, ayúdennos compartiendo con nosotros sus notables adelantos en la ciencia, en la técnica... pero no para fabricar bombas sino para acabar con el hambre y con la miseria. Ayúdennos respetando nuestras costumbres, nuestra dignidad como seres humanos y nuestra personalidad como naciones por pequeños y débiles que seamos; practiquen la tolerancia y la verdadera fraternidad, que nosotros sabremos corresponderles, pero dejen ya de tratarnos como simples peones de ajedrez en el tablero de la política internacional. Reconózcannos como lo que somos, no solamente como clientes o como ratones de laboratorio, sino como seres humanos que sentimos, que sufrimos, que lloramos.
Señores representantes, hay otra razón más por la que no puedo dar mi voto: hace exactamente veinticuatro horas que presenté mi renuncia como embajador de mi país, espero me sea aceptada. Consecuentemente no les he hablado a ustedes como Excelencia sino como un simple ciudadano, como un hombre libre, como un hombre cualquiera pero que, sin embargo, cree interpretar el mayor anhelo de todos los hombres de la tierra, el anhelo de vivir en paz, el anhelo de ser libre, el anhelo de legar a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos un mundo mejor en el que reine la buena voluntad y la concordia. Y qué fácil sería, señores, lograr ese mundo mejor en que todos los hombres blancos, negros, amarillos y cobrizos, ricos y pobres pudiésemos vivir como hermanos. Si no fuéramos tan ciegos, tan obcecados, tan orgullosos, si tan sólo rigiéramos nuestras vidas por las sublimes palabras que hace dos mil años dijo aquel humilde carpintero de Galilea, sencillo, descalzo, sin frac ni condecoraciones: “Amaos... amaos los unos a los otros”, pero desgraciadamente ustedes entendieron mal, confundieron los términos, ¿y qué es lo que han hecho?, ¿qué es lo que hacen?: - Armaos los unos contra los otros -.
He dicho..."
Y la Película...
martes, 18 de septiembre de 2012
El país que quiero
Un país donde los mares
el mar
sean el dulce encuentro de las montañas
y de los Hombres.
Para que dancemos juntos un
canto de alegría,
de esperanza,
donde nos tomemos con Jesús
el labrador
pobre
siervo de todos,
y bebamos de las aguas frescas
de la paz y el amor.
Un lugar que sea un
mundo-compartir,
generosidad cabalgante, donde no veamos
la noble cordillera como
pandereta,
sino como espina dorsal del mundo,
de los hermanos y de las hermanas.
Anchas Alamedas,
alzaos puertas!!
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