domingo, 13 de octubre de 2013

El leproso, el samaritano, el último (Lc 17, 11-19)

La lepra es un mal que aún causa estragos
en el mundo de hoy...
 Lucas siempre lo he encontrado interesante, por las imágenes que hablan del amor de Jesús por los que son nadie, por los pobres, apartados, excluidos por el poder imperante. Es un evangelio altamente poderoso en un claro mensaje; Jesús viene a proclamar el Reino a los que son menos, los sobrantes, y viene a liberar del pecado, tanto personal como social.

Resulta sorprendente, pues, notar que no sólo son receptores pasivos, sino que, además, ante el paso y las palabras del Maestro, reaccionan y asumen una actitud activa, de reconocimiento y gozo por lo hallado.

Ése es el mensaje plasmado en la lectura de este domingo, donde Jesús se encuentra con un grupo de indeseados, de rechazados según la Ley Mosaica (Ver Lev 13-14). Se trata de leprosos, impuros para el judaísmo. Nadie podía acercarse a ellos; de hecho, no sólo era impuro un enfermo de lepra (cualquier mancha cutánea podía ser lepra, también), sino todo lo que tocaban. De ahí que en el v. 12 aparece que ellos "se pararon a distancia".

No voy a detallar la curación, es evidente que Jesús realizó el milagro-signo en los enfermos (interesante el hecho que Jesús ni siquiera los tocó, sino que más bien los mandó presentarse a los sacerdotes, y se curan mientras están en marcha). No, voy a quedarme en los leprosos y en la actitud de uno de ellos.

Son diez, para empezar. El diez siempre se ha asociado a lo pleno, a lo que es fácil de recordar: 10 dedos tiene la mano, por ejemplo. 10 debarim-mandamientos dio Yahveh a su pueblo, 10 plagas mandó a Egipto, como señal de su poder ante el Faraón... quizá el escritor evangélico quiere que tomemos en cuenta y recordemos a estos 10 leprosos.

Pero sucede algo insólito: uno de esos diez "se volvió alabando a Dios en voz alta y, postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le dio las gracias" (v. 15s).

1º De esa cantidad (10), uno, sólo uno del grupo aparece delante de Jesús, alabando el verse liberado de la exclusión, del verse apartado. Se siente nuevamente parte del ser-humano, digno, liberado.

2º Para más remate, quien se lanza a los pies de Jesús es... un samaritano, un ser absolutamente odiado por los habitantes de Judea, despreciado hasta la muerte.

No es la primera vez que aparece un samaritano como ejemplo de fe firme y acción fraterna, cosa que se debiese esperar de un hijo de Israel. Fue un habitante de Samaria quien ayudó al viajero asaltado y maltratado hasta la desesperación (cf. Lc 10, 29-37). Lo más bajo a los ojos de los escogidos, el que precisamente reaccionó como debiese hacerlo alguien que ha recibido la Ley Mosaica, que reza el Shemá varias veces al día, ése fue prójimo. Y el extranjero, el despreciado, el último de los últimos, fue el que corrió, el que fue agradecido, el realmente lleno de fe, el que se llenó del Espíritu del Señor. El que vino a dar gloria fue el extranjero, no los nueve restantes (quienes fueron a cumplir la ley al pie de la letra; eran, por ende, judíos).

El correr del samaritano devela el último acto de inclusión en el proyecto del Reino: libre de las ataduras que lo mantenían prisionero, al ver que no formaba parte de los escogidos, se dirige a Aquél que no rechaza a nadie, menos a los que son parias, pobres, miserables. El "levántate y vete" es signo de que nuestro ex-leproso y samaritano resucita y avanza, desde ese punto de partida (lugar de muerte y glorificación) hacia el testimonio. Quien sana participa de la resurrección, es nueva persona, asciende y se hace más humano, más pleno.

La fe fue lo que salvó a este samaritano: la adhesión plena a la persona de Jesús, a quién reconoce como alguien más que maestro (v. 13). De ahí los gestos anteriormente mencionados. Los demás sanaron, pero con la sensación de haber cumplido con los remedos de un acto de sanación propio de un curandero. El excluido es incluido, no por sólo el acto de sanación, sino porque le ha liberado, plenamente, en forma integral.




lunes, 2 de septiembre de 2013

Religión y cultura en la posmodernidad (Charla del Licenciado Sergio Fernández Aguayo, presidente del Instituto Jacques Maritain, Chile)

 Aprovechando la redacción de este mini trabajo, quiero compartir el resumen de la charla de don Sergio Fernández, presidente de la fundación Jacques Maritain en Chile. Esta ponencia se  realizó en el marco de las XIII Jornadas de Filosofía, organizadas por el Instituto de Teología de la Universidad Católica de la Santísima Concepción.

El siguiente análisis parte del trabajo y el pensamiento de Jacques Maritain, el cual busca formar nexos entre la cultura y la religión. A partir de sus reflexiones, elabora una visión en donde el cristianismo entra a formar parte de la historia, del mundo, aceptándolo y valorándolo.

Este proceso reflexivo se realiza en el contexto de un momento de la historia, conocido como Modernidad, que es básicamente el despojar de fundamento cristiano aquellos conceptos que, precisamente, provienen del pensamiento y la acción cristiana. En este contexto, vale mencionar que durante los años de la edad Media, la sociedad se organizaba de forma desmedidamente sacral, pasando, a partir de la Revolución francesa, a un rechazo y olvido de Dios. Si bien, la Revolución Francesa, la Ilustración y el Renacimiento produjeron grandes trastornos en el pensamiento occidental, fueron, empero, aviso y recordatorio para una búsqueda del equilibrio entre mundo y cristianismo. Ya la Iglesia buscaba instancias para el diálogo, de la mano del papa León XIII. No obstante, con Pío IX sobrevino una actitud de condena absoluta a lo moderno.

¿Qué debe hacer un cristiano en el mundo?¿existe una cultura cristiana? La respuesta es un NO, el cristianismo trasciende las culturas, les da sentido, dialoga con ellas. Así, en este diálogo, surge un nuevo humanismo, teocéntrico, integral, de la Encarnación: discernir la historia tal cual era o es, a la luz del pensamiento cristiano. Un dejar desenvolver lo humano en la vida del ser humano, teniendo en cuenta que es lo espiritual la raíz de la cultura, de toda cultura.

En estos tiempos, ya no se viven los problemas y haberes de la Modernidad, ha existido un cambio de época, lo que hoy conocemos como Pos-Modernidad (algunos la llaman Modernidad Tardía), donde se produce un giro, un cambio antropológico de proporciones, que desemboca en una crisis de valores de la modernidad anterior. Priman la libertad como emancipación, un dominio despótico de la naturaleza, una producción desembocada, producto de lo anterior. Asistimos ante un reinado del individualismo, del consumismo, de la depredación del medio ambiente.

En la cultura actual, se develan cuatro aspectos que la caracterizan:

  1. cultura de la emoción: la emoción se ha convertido en la forma efectiva de acceso al conocimiento, es el nuevo concepto para referirse a la experiencia. Como las emociones son pasajeras, y la razón dependen en gran medida de ellas, éstas se tornan circunstanciales. Es común ver (y promover) a los jóvenes el buscar nuevas sensaciones, de todo tipo.
  2. Cultura del lucro: existe una polarización mundial en torno a lo monetario, el dinero se transforma en criterio de desarrollo integral. El neoliberalismo transforma al dinero en el centro de la vida social.
  3. Cultura de la tolerancia: no se trata, en realidad, del diálogo respetuoso, del intercambio de opiniones, sino de una indiferencia a lo social, de una subjetividad social: “que el otro haga lo que le da la gana; total, no me interesa”. La sociedad se convierte en una masa amorfa, un montón de desconocidos.
  4. Cultura de la indiferencia religiosa: además de la evidente indiferencia a lo religioso, junto con ello se vive un proceso de subjetivización de la religión, que está profundamente relacionado con un desprecio hacia la religión-institución.


 Vivimos en un momento en que el creer, la fe, se ve como una instancia de fundamentalismo, pero el Cristianismo, también tiene algo que decir, analizando “los signos de los tiempos”, con comprensión, empatía, aportando siempre con soluciones integrales para el hombre de Hoy. 

En lo personal, es imposible mantener una actitud sectaria, como Iglesia, ante el mundo. Somos parte de él, y estamos llamados, como cristianos, al diálogo, al aporte y a la acción en lo social. No sacamos nada con permanecer encerrados en las parroquias, en actitudes pietistas o de "circo pastoral". La pastoral que Francisco promueve impone una visión activa ante los problemas, y buscar las soluciones, en pos de una sociedad fraterna, justa, iluminados por el Evangelio. En pocas palabras, mantener una actitud evangelizadora, no conquistadora; esto es, ser-como-Jesús.

martes, 16 de julio de 2013

No Te he negado (Pedro Casaldáliga)

Por causa de Tú causa me destrozo
como un navío, viejo de aventura,
pero arbolando ya el joven gozo
de quien corona fiel la singladura.

Fiel, fiel..., es un decir. El tiempo dura
y el puerto todavía es un esbozo
entre las brumas de esta Edad oscura
que anega el mar en sangre y en sollozo.

Siempre esperé Tú paz. No Te he negado,
aunque negué el amor de muchos modos
y zozobré teniéndote a mi lado.

No pagaré mis deudas; no me cobres.
Si no he sabido hallarte siempre en todos,
nunca dejé de amarte en los más pobres."

domingo, 31 de marzo de 2013

La Última Palabra



La Última Palabra
el sueño de la muerte que es disipado
en un despejado que ilumina
el alma.

La Última Palabra es ver cómo nacen
cielos y tierra nuevos,
donde pasará el Hombre
pleno y total.

La Última Palabra
es respuesta,
es acontecimiento,
gozo.

La Última Palabra es
el grito desesperado del Malo,
al verse disipado, nimio,
sin vida,
la que creía vida.

La Última Palabra,
el pecado y la injusticia
en convulsión,
hasta la quietud perpetua de la muerte
bien muerta.

La Última Palabra es camino
sentido
luz.

La Última Palabra
no es
la muerte,
sino la Vida.

La Última Palabra sale
cubierta de victoria,
desde el foso del sepulcro.

La Última Palabra
es la Primera.

Jesucristo.

Vivo.

Vencedor

La Última Palabra.



sábado, 30 de marzo de 2013

Sepulcro...



Estás ahí, Señor, ahí estás
muerto.

Qué misterio, Dios está muerto
en el sepulcro, frío como la noche
del viernes.

¿Tan solidario eres, Jesús, que incluso
asumes nuestra muerte, que
haces la vida en las tinieblas oscuras del Sheol?

Muerto estás, y muchos no lo notan.

Te llevaron a la piedra cavada,
otros pelean,
se besan,
caminan apurados,
ríen con groserías,
groserías sin risa,
pasan y pasan.

Nadie nota que Dios
fue a la muerte.

Vuelve.

Pasan las horas si fruto, sin viento,
sin sol.

Frías.

Levántate y resplandece.

El silencio de María.
Nuestro.


viernes, 29 de marzo de 2013

'H Zoê...



Y ahí lo ves, caminando, herido
coronado, rey
dolor mío,
muerte mía.

Latigazos, escupos, gritos,
insultos, blasfemias,
y llanto.

Llanto.

Los que te gritaban de júbilo
los que te gritan con odio,
los "Hossana" ayer,
los "crucifícalos" hoy.

A ellos miras, y los miras con amor.
Sangras y los miras,
y los miras y los amas hasta
el extremo.

La Vida se arrastra por el Camino Verdadero,
doloroso, terrible, del cual huimos,
Él camina, directo, hacia las alturas
del Gólgota.

Subir para morir, morir para vivir,
lanza que nos regala agua y sangre,
la vida, lo fraterno.

Subir al Padre, en un
abrazo.

Ecce Homo! y lo miramos, y le hacemos
la desconocida, lo miramos y lo llenamos 
de asco, de nuestro asco, de nuestra
putrefacción, 
mierda...

Y pasa, y nos mira, y por cada gota de sangre,
hay una victoria para todos.

Vence, como príncipe coronado, que arrastra el arma
de nuestra liberación, el estandarte de nuestra gloria,
el que nos hace sonreír, ser felices, ser para siempre
Amor-a-Ti-y-a-los-Demás.

Ser para siempre

Cruz.

Camino a vencer.

'H Zoê significa, en griego, "La vida"

jueves, 21 de marzo de 2013

Tres veces el viento...

Pasado mucho tiempo ha de la elección de nuestro Papa Francisco, hace más de dos semanas, quiero hacer un breve esbozo, que ayudará a entender su figura, y la importancia capital en la vida de la Iglesia, necesaria de nuevos vientos, un neuma de nueva vida y energía.

Es Latinoamericano... Pertenece al continente de la esperanza, donde residen la mayor parte de los católicos del mundo, lugar de la formación de una conciencia teológica que solidariza con los pobres y excluidos. Un lugar con la frescura de sus múltiples paisajes, y que se ha convertido en la reserva espiritual de la Iglesia, en reemplazo de una Europa que se precipita hacia el abismo existencial, económico, cultural, religioso. La misión que trae Francisco es la misión de la Iglesia de nuestro continente: ser más cristianos, más fraternos, con más compromiso por la salvación, contra el pecado y la injusticia que nos aplasta. Latinoamérica es un continente crucificado, pero que sabe resucitar, con una visión integral y total del ser cristiano.

Es jesuita... Pertenece a la más importante orden religiosa de la Iglesia, en cuanto a número e influencia. Ser jesuita implica ser una persona altamente preparada en lo intelectual, con un alto uso del don de la razón, con el fin de apoyar en la reflexión de todo el cuerpo de los cristianos. Ser jesuita es estar en la vanguardia, en lo social, siempre con la opinión clara para las cosas importantes que suceden en el mundo. Siempre un paso adelante, y, a la vez en la frontera. Por ello el sufrimiento y persecución por los siglos (dos expulsiones y una supresión) habla de su importancia y vocación profética, de su convicción de firme compromiso por y con el Evangelio. Francisco, como uno de ellos, imprimirá los signos de los tiempos en su pontificado, con la inteligencia y nobleza de un hijo de San Ignacio.

Es Francisco... Como San Francisco de Asís, Il Poverello, quizá uno de los santos más cercanos a la figura y centralidad de Cristo, viviendo en pobreza, entre sus hermanos, en comunidad, devolviendo a la Iglesia el signo de Cristo en medio de los Hombres: pobreza, anuncio, solidaridad. Francisco ha de tomar las columnas de la Iglesia, estructura que se desmorona, para levantarla, no con soberbia, ni como los héroes de la antigüedad, sino con la humildad y sencillez de un seguidor de Cristo, que se hace último, pobre, rechazado, kenótico... exhaltado por el Padre, levantador de las piedras y corazones de nuestra comunidad eclesial.

Bendito seas Señor, por este ejemplo de solidaridad, de sencillez, que viene a renovar y limpiar aquello que se haya de limpiar, y de poner aquello que se haya de poner.

Que María, Madre de los Pobres, lo proteja en su ministerio-servicio petrino, que será difícil, sin duda, pero que tendrá los santos frutos que la Iglesia anhela.

Paz.-