Ya he escrito, hace bastante tiempo, sobre el valor fundamental del mandamiento de amor a Dios-Amor al prójimo. Mc 8, 12-24 y sus paralelos de Lc 10, 25-28 y Mt 22, 34-40, en enfoques ligeramente diferentes, dejan claro que la exigencia cristiana pasa por entregarse de lleno a la causa de Dios y a la de los demás. Ser prójimo del otro es un acto que va unido profundamente a una vida de encuentro con el Dios vivo. Amar a Dios y amar al prójimo son una sola cosa.
Pero quedé un poco prendido de una pequeña parte de esta perícopa, a propósito de un encuentro sostenido este sábado con jóvenes de comunidades de egresados sscc. "Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Mc 12, 31). ¿Que sería eso de como a ti mismo?
El encuentro del sábado giró en torno al conocerse a sí mismo, a conectarse con el interior. Recuerdos, vivencias, anécdotas, tragedias y esperanzas; todo ello fluye en nuestra vida, en nuestros intersticios, en cada espacio de nuestra memoria. Con ello nos hacemos lo que somos, nos convertimos en un ser-se.
Es entonces que muchas veces olvidamos lo que somos, nos hacemos los pavos y tratamos de callar nuestras heridas con elementos banales, carentes de relevancia y que, en el fondo, nos sustraen de la vida interna y, a la postre, de la vida externa.
Porque lo que tenemos en nosotros también influye en lo externo, porque nuestra interioridad no puede quedar estancada, como el agua de un pantano. Muchas veces entregamos la corrupción de una existencia que se niega a sí misma, que se hunde en la tormenta del olvido del otro, tanto así que cuando queremos "amar" a los demás, se vuelve un ejercicio de amor propio, de egoísta consumación, de autobombo estéril.
Y a eso iba esta actividad. Al amarse uno mismo, es capaz de amar a los demás. No se trata de entrar en una búsqueda de un "yo-interno", como acto de profunda autocomplacencia espiritual y de egoísmo vital. Si puedo unir los cabos de mi vida, lo hago en la dimensión de Jesús; es decir, en la dimensión de la entrega fraterna, del pan compartido y del testimonio vital en general.
Acoger y proclamar que el Reino está entre nosotros tiene que ver con lo que somos capaz de donar. Si nuestras existencias se muestran sin color, llenas de trancas, miedos y angustias sin sentido, no podremos dar amor a los otros sino como el pantano otorga sus pestilentes aguas a un canal con destino a la nada. Menos si hay vacío, pues seríamos como bronce que suena (Cf. 1Co 13, 1).
Al conocernos a nosotros mismos nos llenamos del amor de Dios, no para sentirnos satisfechos con nosotros. Al amar nuestra existencia, al juntar los cabos, podemos entendernos y amarnos tal cual nos ponemos frene a la vida. Al amarnos con amor profundo y generoso, podemos sanar nuestras heridas y culpas, y volcarnos sin temores a ser como el caudal de un río lleno de vigor, torrente que nutre y da vida a lo que nos rodea.
Insisto: esto no es meditación trascendental, que queda en el espacio del sujeto, sin mayor resultado para el entorno vital. Nos conocemos para amar, sin medida, a los demás. Amarse uno mismo, para amar al prójimo, para ser prójimo de los demás.
Es curioso, pero el silencio que buscamos en el encuentro personal no es para estar permanentemente así. Que sea siempre el comienzo de un armar lío, en clave de grito de justicia, de paz y fraterna vivencia cristiana en medio del mundo y junto al ser humano, al de nuestras comunidades cristianas y a los que viven en el agitado mundo que nos rodea. Que la muerte, silencio del amor (P. Manns), no triunfe en un mundo plagado de sonidos estériles, que nos hacen olvidar el enorme valor de nuestras vidas y personalidades. Que sean forja para dar de beber al mundo el agua de la fiesta y el gozo, agua que nace de quien se ha encontrado con amor con quien es: Hijo amado de Dios, hermano de Jesús, amigo de los hombres.
The love is the dance of eternity (Dream Theater, Metropolis part 1: The Miracle and the Sleeper)
lunes, 17 de agosto de 2015
miércoles, 5 de agosto de 2015
Ser vida, ser pan (Jn 6, 41-51)
Todos sabemos cómo es el pan. A algunos no les gusta, porque engorda, porque tiene mucha sal y afecta la figura corporal con su consumo... Independiente de tan superficiales argumentos, debemos aclarar que es el pan base esencial de nuestra dieta. Forma parte de nuestras vidas, de la historia humana total. Es signo del comer, y del comer acompañado, en fraternidad (compañero: el que comparte el pan con el de al lado). Es la expresión más fuerte del simbolismo de la comunidad de hombres y mujeres, más que el sólo hecho de juntarse.
Y sabemos, evidentemente, que si comemos mucho y no ejercitamos nuestra humanidad, nos convertimos en seres gordos, que poco a poco pierden movilidad, hasta postrarse. Se han dado casos celebres por lo terrible de los testimonios y por las consecuencias brutales.
Esto, hasta el momento, es el comentario de un nutricionista. Pero más bien tiene que ver con el evangelio de este domingo, aunque algo de "nutricionista" tiene.
Me acotaré a la idea del pan, claramente. Alguien puede hablar con más profundidad sobre la filiación profunda del Padre y del Hijo, pero ésta se desarrolla en torno a este discurso sobre el pan, que escucharemos durante este tiempo.
"Yo soy el Pan de Vida"
El v 48 es repetición del v 35a, aunque enfocado en la relación pan/vida. No es el maná que los israelitas recibieron en el desierto (Ex 16//Nm 11). En efecto, tal cual aparece después, en el v 36 habla que comieron el maná "y murieron". Es pan provisional, que sirve al día a día. Si fuese realmente llenador, habría "caído" de una vez para mucho tiempo más. Pero cada día tenía su maná, su comer, sus situaciones y problemáticas.
Pero ese pan es también cuestión de murmuración, de queja de parte de un pueblo disconforme ante los signos fuertes de un Dios que les daba liberación. "Manjar miserable" (cf. Nm 20, 5) es la fortísima queja del pueblo. Murmuración hacia un don, que es finalmente causa de muerte. La murmuración es la falta absoluta de concordia, de comunión entre hermanos que es división interpersonal y ante Dios. La vida se diluye en una vorágine de muerte. El maná se convierte en pan anti-vida.
El pelambre reaparece en Jn 6, 41, porque alguien reconocido por un grupo se ha hecho llamar "pan de vida". Un don que se rechaza y que parece un problema hasta blasfemo.
Pero Jesús es claro: Él es pan, porque el pan alimenta, da vida, fortalece la existencia en todos sus planos. Jesús se ofrece como el nuevo alimento que dará al pueblo la fuerza para vivir "vida eterna"; vida que se cumple en el aquí-ahora de nuestra realidad.
No se trata, pues, de una especie de alimento mágico para asegurarnos un espacio en la Vida Eterna. De hecho, la vida eterna se expresa ya en el punto donde se hace manifiesto el Reino del Padre. En los actos y acogidas que la comunidad cristiana manifiesta, ya está brotando vida en abundancia, porque el Reino de Dios ha llegado, se hace luz para iluminar.
El Hijo se autodefine como "carne por la vida del mundo" (v 51d). Es decir, carne, en el sentido de humanidad plena, que se ofrece por la vida entera del ser humano, de su realidad completa. "Vida del mundo"... Recordemos que la sangre es el lugar de la vida, dentro de la antropología semita (Lv 7, 11 y Dt 12, 23 prohibían el consumo de la sangre, por ser vida de éste). Es decir, Jesús da sangre al mundo para que éste mundo se configure en Jesús. Ser-pan es entregarse de lleno por todos quienes viven en nuestra realidad, en especial por quienes son alejados y excluidos por la lógica del descarte, la muerte y la injusticia. Jesús entero, en toda su humanidad, se convierte en pan que salva, que da vida eterna. Y ello, es por ser Hijo.
Ser pan de vida
Pero la pega no es sólo de Jesús. El que cree tiene vida eterna (v 47), ha visto al Padre por el Hijo (cf. Jn 14, 9). El que escucha al Padre y aprende, va a Jesús (v 45b). Por ende, el escuchar a Jesús, el ponerse en seguimiento a Él, implica también a cada uno configurarse al Hijo. En ese sentido, también nosotros nos hacemos pan de vida. De muchas maneras podemos expresarnos como alimento de vida y amor, como entrega generosa por los demás, ser vida para el mundo.
Nos nutrimos de Jesús para configurarse con Él, y para obtener la "energía" que nos permite movernos y actuar con fuerza en medio de nuestro mundo, de nuestra realidad. En cada uno de nuestros actos personales y por medio de la comunidad cristiana, ofrecemos vida a quienes han sido despojados de ellas, como los pobres, los excluidos y todo aquél que ha sido aplastado por un orden de cosas que no favorece la vida compartida y el amor como entrega generosa y comunión fraterna entre todos los humanos. Como verdadero maná, permitimos acompañar al pueblo y nos unimos en un camino siempre actual de liberación, para hacer presente la tierra prometida, el Reinado de Dios, como escatología cumpliente en el acá de nuestra realidad, y en el ahora del tiempo presente, tiempo que es kayros, esperanza que se vive ya.
Nuestra entrega debe darse como pan que da vida, en clave de entrega generosa y profundamente sincera, entrega que forja cambios a nuestra realidad imperante; pan compartido, en donde eliminamos el individualismo, doctrina anti pan y pro-muerte, para hacer de todos los hombres y mujeres "compañeros", manifestando al Cristo de la justicia y la libertad, de la salvación, Dios que está en medio de su pueblo sufriente; es pan partido, porque el pan, para compartirse, debe fraccionarse y hacerse comida. Los seguidores de Jesús ofrecen la vida como oblación de entrega, de cambio a un mundo mejor, como banquete mesiánico abierto a todos.
Como Jesús que da vida eterna, nosotros la damos, porque la portamos, y así burlamos la muerte como sin sentido, como el fin total y brutal de la vida. Vida eterna es sacrificio, pero no en clave de los sacrificios de la antigüedad, como aplacamiento de la ira divida, sino como hacer-todo-sagrado, mostrar que la esperanza está presente en medio del pueblo, que es entrega generosa por el Reino, que es fecundidad y nutrición, para avanzar y acoger. Entrega radical, y que da vida a los demás.
No ser cristianos obesos
Por ello, como pueblo de Dios y comunidad de seguidores de Jesús, debemos evitar caer en la obesidad. Si nos nutrimos en la Palabra de Dios en las Escrituras, si participamos del banquete fraternal y compartimos en torno a Jesús muerto y resucitado... en fin, si tenemos acceso a Cristo como cristianos, no podemos quedarnos con lo que recibimos en clave de intimismo enfermo. La interioridad cristiana no tiene sentido si no "consumimos los nutrientes" de ese Pan de Vida. En la entrega misionera, en las luchas contra la injusticia y en favor de los pobres, en la profundización de nuestra condición de comunidad de amigos de Jesús, hacemos vida lo que recibimos, y nos convertimos en lo que hemos acogido. Si nos quedamos con ritualismos vacíos y sin sentido, simplemente nos volveremos gordos en lo espiritual, nos quedaremos sentados en los sillones de una vida individualista, y en vez de una existencia basada en el ser-se de una esencia que cataliza y se cataliza por medio del discipulado, se volverá en un mero ser, bajo el influjo de la causalidad, como cosa que se vuelve inerte y mera receptora.
La responsabilidad es grande... Mejor, salgamos del sillón y asumamos el movimiento de Quien nos fortalece para una vida-para/por/con-todos. Ponerse a caminar, diría el padre Esteban Gumucio SSCC.
Y sabemos, evidentemente, que si comemos mucho y no ejercitamos nuestra humanidad, nos convertimos en seres gordos, que poco a poco pierden movilidad, hasta postrarse. Se han dado casos celebres por lo terrible de los testimonios y por las consecuencias brutales.
Esto, hasta el momento, es el comentario de un nutricionista. Pero más bien tiene que ver con el evangelio de este domingo, aunque algo de "nutricionista" tiene.
Me acotaré a la idea del pan, claramente. Alguien puede hablar con más profundidad sobre la filiación profunda del Padre y del Hijo, pero ésta se desarrolla en torno a este discurso sobre el pan, que escucharemos durante este tiempo.
"Yo soy el Pan de Vida"
El v 48 es repetición del v 35a, aunque enfocado en la relación pan/vida. No es el maná que los israelitas recibieron en el desierto (Ex 16//Nm 11). En efecto, tal cual aparece después, en el v 36 habla que comieron el maná "y murieron". Es pan provisional, que sirve al día a día. Si fuese realmente llenador, habría "caído" de una vez para mucho tiempo más. Pero cada día tenía su maná, su comer, sus situaciones y problemáticas.
Pero ese pan es también cuestión de murmuración, de queja de parte de un pueblo disconforme ante los signos fuertes de un Dios que les daba liberación. "Manjar miserable" (cf. Nm 20, 5) es la fortísima queja del pueblo. Murmuración hacia un don, que es finalmente causa de muerte. La murmuración es la falta absoluta de concordia, de comunión entre hermanos que es división interpersonal y ante Dios. La vida se diluye en una vorágine de muerte. El maná se convierte en pan anti-vida.
El pelambre reaparece en Jn 6, 41, porque alguien reconocido por un grupo se ha hecho llamar "pan de vida". Un don que se rechaza y que parece un problema hasta blasfemo.
Pero Jesús es claro: Él es pan, porque el pan alimenta, da vida, fortalece la existencia en todos sus planos. Jesús se ofrece como el nuevo alimento que dará al pueblo la fuerza para vivir "vida eterna"; vida que se cumple en el aquí-ahora de nuestra realidad.
No se trata, pues, de una especie de alimento mágico para asegurarnos un espacio en la Vida Eterna. De hecho, la vida eterna se expresa ya en el punto donde se hace manifiesto el Reino del Padre. En los actos y acogidas que la comunidad cristiana manifiesta, ya está brotando vida en abundancia, porque el Reino de Dios ha llegado, se hace luz para iluminar.
El Hijo se autodefine como "carne por la vida del mundo" (v 51d). Es decir, carne, en el sentido de humanidad plena, que se ofrece por la vida entera del ser humano, de su realidad completa. "Vida del mundo"... Recordemos que la sangre es el lugar de la vida, dentro de la antropología semita (Lv 7, 11 y Dt 12, 23 prohibían el consumo de la sangre, por ser vida de éste). Es decir, Jesús da sangre al mundo para que éste mundo se configure en Jesús. Ser-pan es entregarse de lleno por todos quienes viven en nuestra realidad, en especial por quienes son alejados y excluidos por la lógica del descarte, la muerte y la injusticia. Jesús entero, en toda su humanidad, se convierte en pan que salva, que da vida eterna. Y ello, es por ser Hijo.
Ser pan de vida
Pero la pega no es sólo de Jesús. El que cree tiene vida eterna (v 47), ha visto al Padre por el Hijo (cf. Jn 14, 9). El que escucha al Padre y aprende, va a Jesús (v 45b). Por ende, el escuchar a Jesús, el ponerse en seguimiento a Él, implica también a cada uno configurarse al Hijo. En ese sentido, también nosotros nos hacemos pan de vida. De muchas maneras podemos expresarnos como alimento de vida y amor, como entrega generosa por los demás, ser vida para el mundo.
Nos nutrimos de Jesús para configurarse con Él, y para obtener la "energía" que nos permite movernos y actuar con fuerza en medio de nuestro mundo, de nuestra realidad. En cada uno de nuestros actos personales y por medio de la comunidad cristiana, ofrecemos vida a quienes han sido despojados de ellas, como los pobres, los excluidos y todo aquél que ha sido aplastado por un orden de cosas que no favorece la vida compartida y el amor como entrega generosa y comunión fraterna entre todos los humanos. Como verdadero maná, permitimos acompañar al pueblo y nos unimos en un camino siempre actual de liberación, para hacer presente la tierra prometida, el Reinado de Dios, como escatología cumpliente en el acá de nuestra realidad, y en el ahora del tiempo presente, tiempo que es kayros, esperanza que se vive ya.
Nuestra entrega debe darse como pan que da vida, en clave de entrega generosa y profundamente sincera, entrega que forja cambios a nuestra realidad imperante; pan compartido, en donde eliminamos el individualismo, doctrina anti pan y pro-muerte, para hacer de todos los hombres y mujeres "compañeros", manifestando al Cristo de la justicia y la libertad, de la salvación, Dios que está en medio de su pueblo sufriente; es pan partido, porque el pan, para compartirse, debe fraccionarse y hacerse comida. Los seguidores de Jesús ofrecen la vida como oblación de entrega, de cambio a un mundo mejor, como banquete mesiánico abierto a todos.
Como Jesús que da vida eterna, nosotros la damos, porque la portamos, y así burlamos la muerte como sin sentido, como el fin total y brutal de la vida. Vida eterna es sacrificio, pero no en clave de los sacrificios de la antigüedad, como aplacamiento de la ira divida, sino como hacer-todo-sagrado, mostrar que la esperanza está presente en medio del pueblo, que es entrega generosa por el Reino, que es fecundidad y nutrición, para avanzar y acoger. Entrega radical, y que da vida a los demás.
No ser cristianos obesos
Por ello, como pueblo de Dios y comunidad de seguidores de Jesús, debemos evitar caer en la obesidad. Si nos nutrimos en la Palabra de Dios en las Escrituras, si participamos del banquete fraternal y compartimos en torno a Jesús muerto y resucitado... en fin, si tenemos acceso a Cristo como cristianos, no podemos quedarnos con lo que recibimos en clave de intimismo enfermo. La interioridad cristiana no tiene sentido si no "consumimos los nutrientes" de ese Pan de Vida. En la entrega misionera, en las luchas contra la injusticia y en favor de los pobres, en la profundización de nuestra condición de comunidad de amigos de Jesús, hacemos vida lo que recibimos, y nos convertimos en lo que hemos acogido. Si nos quedamos con ritualismos vacíos y sin sentido, simplemente nos volveremos gordos en lo espiritual, nos quedaremos sentados en los sillones de una vida individualista, y en vez de una existencia basada en el ser-se de una esencia que cataliza y se cataliza por medio del discipulado, se volverá en un mero ser, bajo el influjo de la causalidad, como cosa que se vuelve inerte y mera receptora.
La responsabilidad es grande... Mejor, salgamos del sillón y asumamos el movimiento de Quien nos fortalece para una vida-para/por/con-todos. Ponerse a caminar, diría el padre Esteban Gumucio SSCC.
lunes, 1 de junio de 2015
Anhelo de un lunes
Quisiera hacer sonar
las piedras del
camino, y no pasarlas
con el temor de la noche
oscuridad
volver a estar
ser
haber
existir.
Quisiera volver
a cantar con las notas de
un alma viviente
con las raíces de una vida
fecunda.
Porque anhelo sonreír
amar con la furia de este
día lluvioso, con la ternura
de este día
calmo.
Quisiera dejar el viento
del precipicio, abandonar
un regar con
lágrimas una semilla muerta
un espacio
cantar con las notas
de un alma viviente.
La paciencia se ha vuelto
una escusa para ser ancla de los sueños
quiero la insistencia de quien corta la cuerda
y navega
por el viento
y lo burla.
Sé que voy a reír de nuevo
Por mientras, voy con la
lamparita, en medio de aquel tunel
cotejando una salida
que es
está
existe
no parece.
Cantar con las notas
de un alma viviente.
(01/06/2015)
las piedras del
camino, y no pasarlas
con el temor de la noche
oscuridad
volver a estar
ser
haber
existir.
Quisiera volver
a cantar con las notas de
un alma viviente
con las raíces de una vida
fecunda.
Porque anhelo sonreír
amar con la furia de este
día lluvioso, con la ternura
de este día
calmo.
Quisiera dejar el viento
del precipicio, abandonar
un regar con
lágrimas una semilla muerta
un espacio
cantar con las notas
de un alma viviente.
La paciencia se ha vuelto
una escusa para ser ancla de los sueños
quiero la insistencia de quien corta la cuerda
y navega
por el viento
y lo burla.
Sé que voy a reír de nuevo
Por mientras, voy con la
lamparita, en medio de aquel tunel
cotejando una salida
que es
está
existe
no parece.
Cantar con las notas
de un alma viviente.
(01/06/2015)
domingo, 12 de abril de 2015
Llaga
Borracho de ensueño,
tocar llagas y
comprender
comprender que todo funciona
implacable.
No bastan las luces para brillar
sino que es menester un sol
que haga que todo me salga un poco
un poco
mejor.
Conservar los amigos, con miedo a un futuro
arando el suelo
del desierto
del corazón,
con miedo a un torrente que se retira, como una tarde
de lluvia, que se hunde en el frío
primordial.
No siento más que miedo
miedo
miedo
mucho miedo.
Y necesito heridas
tocar las de Él,
o mejor las mías,
para creer que los milagros
no son tales
que los portentos no existen.
Sino la realidad inexorable, signada
sentida
inexorable.
Vida en curso.
tocar llagas y
comprender
comprender que todo funciona
implacable.
No bastan las luces para brillar
sino que es menester un sol
que haga que todo me salga un poco
un poco
mejor.
Conservar los amigos, con miedo a un futuro
arando el suelo
del desierto
del corazón,
con miedo a un torrente que se retira, como una tarde
de lluvia, que se hunde en el frío
primordial.
No siento más que miedo
miedo
miedo
mucho miedo.
Y necesito heridas
tocar las de Él,
o mejor las mías,
para creer que los milagros
no son tales
que los portentos no existen.
Sino la realidad inexorable, signada
sentida
inexorable.
Vida en curso.
lunes, 30 de marzo de 2015
Desatar
En
quinientas horas no se puede comprender
cómo
fue a parar al tacho de los
sueños
rotos, los sueños de
la
mañana entera.
Me
parece algo descabellado, pero no puedo argumentar,
sólo
me apetece un grito
pero
no lo quiero, me engaña
me
lanza al suelo.
Las
sonrisas de un paraje domado
son
tan falsas como mis recuerdos de
algo
alegre en la vida
pero
tengo la fuerza de un búfalo,
y al
búfalo lo borraron del norte de América
pero
la fuerza está rasante en los palomos
y
los queltehues,
está
inmersa en una tierra que no
mana
leche
y
miel,
sino
pinos y sangre de pinos
sangre
de pueblos
sangre.
Mis
dolores se vuelven una canción, pero la
canción
no es mía, es simplemente
un
copypaste de un giro de tuercas
de
una existencia que se volvió una neblina
y
una neblina que espero
sea
luminosa.
Porque
a estas alturas de un camino pedregoso y dormido,
entre
sauces y estancias,
entre
comidas y cumplidas maneras,
no
se puede convertir en foco,
sólo
espero ser niebla,
niebla
luminosa,
que
inspira
ama
y se
desvanece en la mañana.
(28/03/2015)
sábado, 20 de diciembre de 2014
Calendario
Tiempo se hace un poco apocado
y no se rebela contra la inocente
patraña de la condena.
Siento que en ese bosque, donde reina la sonrisa
más verdadera, donde el cielo asume los colores
de tus miradas
en ese espacio que blande el río y las
aves colmenan su estancia y la pueden
desmenuzar
en los encallados musgos y espantosas
sombras que pululan en los horizontes que se vuelven un vértice
en cada árbol que extraño
en cada beso ido y en cada oráculo
acallado en
puras verdades.
Ahí puedo sonreír y bailar.
Ahí puedo gritar con fuerza
como campana que repica
con amor.
Como cuerno que llama
con amor
bueno de verdad.
Por mientras, me dispongo a mirar el sol
y quemarme las entrañas
antes de que llueva y salga de esas nubes un estado de ánimo
imperecedero,
pero gentil, siempre abierto y dador de
verde
tiempo para cantar.
Tiempo.
y no se rebela contra la inocente
patraña de la condena.
Siento que en ese bosque, donde reina la sonrisa
más verdadera, donde el cielo asume los colores
de tus miradas
en ese espacio que blande el río y las
aves colmenan su estancia y la pueden
desmenuzar
en los encallados musgos y espantosas
sombras que pululan en los horizontes que se vuelven un vértice
en cada árbol que extraño
en cada beso ido y en cada oráculo
acallado en
puras verdades.
Ahí puedo sonreír y bailar.
Ahí puedo gritar con fuerza
como campana que repica
con amor.
Como cuerno que llama
con amor
bueno de verdad.
Por mientras, me dispongo a mirar el sol
y quemarme las entrañas
antes de que llueva y salga de esas nubes un estado de ánimo
imperecedero,
pero gentil, siempre abierto y dador de
verde
tiempo para cantar.
Tiempo.
miércoles, 17 de diciembre de 2014
Revisando los pasos de la gente este año
Descubro sin ambages
el tórrido dolor del
desprecio.
Una luna se cubre ante los aires
del bosque
que crece en mí
y se convierte en un oasis
regado con
llanto.
Con la luna que abre un sendero,
con la luna que me muestra
los negros espacios de interés
de quienes me robaron la noche.
Los senderos que se iluminan de esas estrellas
que no veo
pero ahí están,
para que levante la cabeza.
Suenan a cada instante las llamadas
avisando de la posible
fuga de sangre.
Me quedo atónito, con el fono en la mano.
La sangre que doné a quienes la hicieron
jugo insípido,
un rato,
una risa
y nada más.
Los pasos me recuerdan una canción
que dice
calma, ten calma.
Eso es un chiste corto
ahora.
Ahora.
Quiero que llueva.
el tórrido dolor del
desprecio.
Una luna se cubre ante los aires
del bosque
que crece en mí
y se convierte en un oasis
regado con
llanto.
Con la luna que abre un sendero,
con la luna que me muestra
los negros espacios de interés
de quienes me robaron la noche.
Los senderos que se iluminan de esas estrellas
que no veo
pero ahí están,
para que levante la cabeza.
Suenan a cada instante las llamadas
avisando de la posible
fuga de sangre.
Me quedo atónito, con el fono en la mano.
La sangre que doné a quienes la hicieron
jugo insípido,
un rato,
una risa
y nada más.
Los pasos me recuerdan una canción
que dice
calma, ten calma.
Eso es un chiste corto
ahora.
Ahora.
Quiero que llueva.
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