Hoy tuve uno de esos momentos que van definiendo lo que quiero y lo que anhelo de corazón para mi vida: un taller, dictado por su eminencia el profesor Arturo Bravo, doctor en teología bíblica. En la comodidad de la casa propia (mi parroquia), conversamos, trabajamos y dimos inicio al taller, enfocado este año al Antiguo Testamento, la primera revelación divina consignada en la letra, dado al Pueblo de Israel.
La cosa es que, en medio de tantas cosas interesantes, y que sorprendieron en forma poco agradable a la audiencia (bastaba estar allí para darse cuenta del ambiente helado, en los momentos en que el profe explicaba el concepto de epopeya, en el contexto del libro de Josué), se formuló una verdad presente con fuerza en el AT, y que realmente caló hondo para la mayoría de los presentes... pero en forma negativa.
No me dedicaré a colocar término por término las palabras concretas del profe Bravo, pero explicaré lo que se señaló, algo maravilloso que debe ser tomado en cuenta a la hora de vivir la fe, de sentirla.
En el AT, en varios de los libros, aparecen muchas profesiones de fe, donde Israel proclamaba su adhesión y fidelidad al Dios de sus Padres. En ellas vemos carias cosas en común, y una llaman la atención en particular...
Si analizamos nuestra profesión de fe (conocida como Credo), nos damos cuentas que se trata de una profesión doctrinal, dogmática, done aparecen consignados nuestras verdades fundamentales: Dios, uno y trino, Dios-Padre, Dios-Hijo, Dios-Espíritu Santo, nacido de la Virgen, etc. No es malo, es válido y bueno, ya que han sido usados (son varios Credos los que existen, siendo los actuales los signos Apostólico y Niceno-Constantinopolitano) para contextos concretos de enseñanza de los fundamentos de fe de la Iglesia a los catecúmenos, y que en cada Eucaristía renovamos con fuerza.
Pero vemos en los "Credos" veterotestamentarios (Cfr. Dt 6, 20-24; Sal 136; Jos 24, 1-13) un detalle importante: la mención de hechos concretos de la Historia de Salvación, en donde el Señor sale al paso e interviene en favor de su Pueblo.
Es Dios un dios concreto, que aparece y actúa. Y el Pueblo, que ve actuar a Dios, establece una reciprocidad de alabanza, de adoración y fiel seguimiento. El Pueblo ve en los actos de Dios sobre ellos la confirmación de su existencia, la certeza de que Él es Él que Es y actúa con mano poderosa sobre los pobres, los desvalidos.
Y ésto es importante a la hora de responder a la cuestión de por qué lo adoro, de porqué Dios es digno de alabanza y de culto. No porque sea grande, infinito, todopoderoso... sería esclavitud y respeto basado en el miedo, casi en la burla. No: Dios quiere que le sigamos porque le hace cosas grandiosas, porque actúa en la historia personal y comunitaria; en fin, "porque es eterno su amor" (Sal 136).
Imaginarán las caras de tantos, habituados a una piedad casi pre-CVII...
En fin, una excelente clase, y espero en Cristo Jesús que siga saliendo al paso de nosotros, y que estas clases nos puedan hacer ver el trasfondo fundamental de las Sagradas Escrituras: la experiencia de un Pueblo que responde a la acción del Señor.
Paz.-
pd: Música de Morricone, para la serie "Moisés, el Legislador"... Un momento melódico que ilustra uno de los más grandes, sino el mayor, prodigo de Dios con su pueblo: la Pascua, la liberación de un Pueblo oprimido por el poder de Egipto y de su faraón.
El espacio me hace pensar en la felicidad eterna que dios me ofrece, en toda su plenitud, en toda su magnificencia y amor... Pero mi corazón, mi muro se cierra a la vida, quiero quitarle las llaves para poder dejar pasar al Señor de la vida, para que se haga historia, uno solo conmigo.
Dejar que el Señor actúe en mi vida concreta, en mi existencia del día a día, y dejarme enrutar por su amor, por la voluntad que Él quiere para mi existencia.
Me cuesta, no puedo soltar mi depresión, no puedo amara esa historia que me pena y me recuerda los dolores pasados, los dolores recónditos de un momento en que el Señor actuaba, en que el Señor tomaba su mano con la mía, y me mostraba algo que la pobreza, la violencia, mi propio egoísmo me ocultaban.
Virgen santísima, regálame la pureza, el aceptarme, el amar de verdad...
Hoy necesitamos mostrar el corazón de Cristo a tantos que hoy viven en un sin sentido, en un dolor que se hace estéril porque no se alumbra con la cruz... Mostrarlo a quienes nos escupen, nos maldicen, a quienes están escandalizados por los pecados de la Iglesia...
Necesitamos...
Hoy necesitamos jóvenes y adultos valientes, maduros en la fe, dispuestos a dar siempre la vida, aunque sea con sangre, por regalar al mundo el don del señor, por mostrar a todos la persona de Jesucristo, hijo de una Virgen, que vivió entre nosotros, como uno de nosotros, en todo igual, menos en le pecado.
Necesitamos...
Al Espíritu Santo, consolador, paráclito necesario en un siglo que necesita de los signos visibles de la Iglesia, que se manifiestan inequívocamente en el preclaro mandato del Amor.
¡Es increíble lo que la vida te depara cada día! Cada segundo es una vivencia y un gozo tremendo, una pena furtiva, un abrazo, un grito...
Y todo, pero todo es perfecto... Nos lleva a amar, a amarnos, a vernos como necesitados, como almas que anhelan el abrazo de Dios, su amor tremendo, amor que trasciende nuestros pecados y defectos.
Espero poder entender mi historia, hay tantas heridas que nacen, que salen a la luz de nuevo, cuyas costras se remueven con más dolor y sangre, con más pus, pudrición. Son esas lesiones que el alma no borra, quizá para que llegue el momento de compartirlas, de expresarlas, y así poder reconciliarte con tu historia, con tu vida... Así se comienza a confiar, a creer, un espacio en donde la fe y la razón se unen en la vida, en el hoy de cada uno.
Solitario y triste, me dispongo a ver como un nuevo año se me va de las manos, cómo, y nuevamente, el fracaso a los ojos de la humanidad se cernía en mis espaldas, y llegó sin ninguna misericordia. el dolor se apodera de mí, y la desesperanza me rodea.
Difícil resistirse a gritar, a pedir explicaciones, a mandar todo al carajo, incluso la fe... Gritar a los cielos y exigir las explicaciones, a caer en rebeldía, a desafiar y pronunciar las palabras que tantos, en toda la historia, ha salido de esos labios: Por qué?
Por qué? esa pregunta tan capciosa, tan inverosímil pero tan común, tan dura, tan dolorosa... quisiera y queremos tener todas las respuestas del mundo, para poder calmar el alma, para poder exclamar ese suspiro de alivio. Pero nada es fácil, y no tener esa respuesta es propio del amor que Dios nos tiene, ese amor que no entendemos, porque es mayor, y a nosotros nos falta tanto por tener una gota en nuestro corazón de aquéllo. No puedo, no puedo entender.
La voluntad de Dios se escapa a nuestro entender, no puedo expresar un por qué en este minuto, ya que sólo saldrán lágrimas, gritos, violencia. Odio a todo lo que me rodea, en especial a esa mentalidad que tiene a la educación convertida en privilegio (muy mal aprovechado) del poderoso, del que tiene dinero, del soberbio... Odio, ganas de patear todo a mi paso. Destruir!
Sólo quiero, en estas horas oscuras de mi vida, recibir una, una sola respuesta por parte de este Dios... PARA QUÉ. Mi consuelo sería total de saberla.