sábado, 14 de mayo de 2016

Llover

Yo no recuerdo nada
solamente aquel sonido de una lluvia llena de dolor
pero a la vez hoy
el agua refrescaba el sonido impertérrito de un recuerdo imborrable
que se convirtió en el torrente más limpio
en el espacio más amoroso
en el dolor menos intenso

Pero no puedo dejar de negar que aquella lluvia sirvió para
dejar entrar en el dolor acérrimo a aquel Dios
que me ha sanado
y no puedo dejar de decir que aquella lluvia
fue el torrente que me empujó a decir que
la vida no es la vida
sino más que la vida.

Que la vida es un camino andado es un golpe de
puño contra la historia
pero aquella
historia que se presenta infame
que se presenta insoslayable

que la historia es menos que historia sino aquel
nefesh que se convirtió prontamente en
el motor de lo que queremos para este mundo.

Me duele
me duele el mundo pero
la lluvia llegará,

con su fuerza para arrastrar
con su agua para sanar.

Y la historia será amor.

viernes, 6 de mayo de 2016

Eclosión

Tormentas a lo lejos
eclosión de indeclinables
aromas y una otra explosión
de angustias ante el mar.

Leviatán me espera
pero no le daré un
mar, mi mar

sólo estrellas.

No me maten la mar,
Dios me ha sacado como
escamas,
como las que flotan hoy
con la muerte.

Yo y el mar
el mar me limpió.

domingo, 6 de septiembre de 2015

Dejar-nos abrir la boca, la mente y la vida (Mc 7, 31-37)

A Aylan.

Tengo en mi poder un celular, con los programas básicos que actualmente se utilizan para comunicarse. WhatsApp, Facebook, Twitter (en realidad ocupo Echofon)... Elementos con los que hacemos un alarde notable de nuestras palabras y capacidades de composición. Estas redes sociales transforman a cada cual en verdaderos estadistas, escritores connotados, opinadores de vanguardia, periodistas consumados. Se entablan notables diálogos, diatribas, polémicas, debates a nivel virtual que hubiesen sido la delicia de un Cicerón.

Hablamos sin parar... A veces, a una pantalla despersonalizada, sin vida, sin nada que sea más que una respuesta en forma de sonido o de Like.

Los ánimo comunicativos entre cada uno de nosotros se hace banal, sin contenido. No desdeño, desde luego, estas herramientas. Las uso mucho, pero con una salvedad: son herramientas de comunicación, pensando que seguiré entablando agradables conversaciones face-to-face con la otra o el otro. 

El problema es cuando estos programas se transforman en reemplazo de las comunicaciones auténticamente humanas.

Quise partir con el problema de las redes sociales, como manera de mostrar e problema de comunicarnos, de sentir amor y empatía por el otro, y entrar en su horizonte, a manera de generosa escucha, compañía y acción. Podemos quedar atrapados en la vorágine de la sordera frente a Dios y los demás; frente a la mudez ante un gozo que se vuelve necesidad en un mundo monocolor.

Las actitudes del sordo y tartamudo son un reflejo de nuestras dificultades relacionales, de nuestras carencias de ser-Iglesia, de ser seres humanos que escuchan y hablan a otros que escuchan. Una cultura del escucharnos y del diálogo hace mucha falta.

- Sordera: ante la voluntad de Dios, que quiere traer el Reino, dimensión del diálogo, donde somos Otros que se unen con Otros; ante la sordera del clamor de los demás, por pan, techo, abrigo, consuelo, ternura, perdón, claridad, verdad. Ante la incapacidad de oír los signos de los tiempos que corren, donde tantos seres humanos sufren muerte y persecución, exilio e injusticia.

- Tartamudez: por nuestra cobardía, por nuestro temor a hacer valer con fuerza el mensaje de Jesús, por el terror ante nuestro bautismo (sacerdote-profeta-rey), por no adoptar una actitud de entrega ante el mundo-realidad que nos rodea, en clave de misión entregada y evangélica.

Los gestos de Jesús abren los canales que permiten escuchar-nos, para conocernos en profundidad, para reconocernos Otros, personas, seres vivos. Jesús, en el corazón de la más profunda intimidad ("lo apartó de la gente"), vuelve al hombre un viviente, ya que sólo el viviente puede hablar, puede comunicarse. Effatá es la palabra que da vida, que nos vuelve personas nuevamente. Lo revivie, lo pone junto a la comunidad, lo hace un Otro.

Y olvídenlo: imposible acallar a quien tiene la palabra dispuesta, el oído generosamente dispuesto, la vida para ser entregada por los demás, sin duda para que otros puedan abrirse a escuchar y hablar con palabras de vida. "Todo lo ha hecho bien", dicen los aldeanos de la aldea no judía, evocando el relato de Gn 1: Lo hecho por Jesús es obra del Padre, voluntad creadora, por medio de la palabra.

Sanemos, seamos sanados en el oído y la tartamudez, para no caer en indiferencia, para sacar el corazón de piedra y hacerlo de carne; corazón que es co-razón, "razón de vivir la vida" (V. Heredia). No quedemos sólo en la lástima, más aún que vemos hoy cómo miles de personas cruzan con desesperación las fronteras, en busca de una mano, un oído, una voz que acoja. Sanemos, para sanar, no quedemos tartamudos ni sordos de desesperación e indiferencia, rompamos las fronteras que nos limitan; que lo "natural" del ser humano sea ir a lo que es más-allá, a ser pura esperanza, pura utopía generadora.

Que Aylan, niño del Effatá, que abre la voz y el oído a una Europa y un mundo cegados y enmudecidos, nos recuerde el valor de mirar al Hombre y su dignidad de Hijos y Hermanos.




lunes, 31 de agosto de 2015

Lo de adentro (Mc 7, 1-8.14-15.21-23)

Creo que a más de a uno le afecta un poco de ese gran problemón llamado legalismo. Seguridad, un suelo sin defectos ni sometidos a los terremotos del pensar o a los vientos de los tiempos que corren; eso precipita a muchos a buscar refugios seguros, espacios en donde priman los más abundantes y portentosos reglamentos.

Las seguridades de la fe abren puertas para quienes ven en el mundo un sitio de perdición sin remedio. Así, las normas y exacciones abundan en el devenir diario. La religión es sólo una especie de código legal a cumplir, sin más razón que la voracidad e implacabilidad de la letra.

Y tan seguros viven la vida, que poco importa los actos ante los demás. Sólo invertir en mandatos y en tiempo para cumplirlos, sin importar incluso pasar por encima de quienes tenemos al lado. Así se han construido determinadas tradiciones religiosas, tanto cristianas como no cristianas. Dentro del catolicismo se convive con actitudes de ese tipo: personas más bien atentas a los más mínimos detalles en la liturgia, en las palabras, en la doctrina. Son añorantes de un pasado no muy lejano, plagado de pompas, lujos, llenos de incienso y latines. La gloria de Dios, dicen.

Pero fuera de ese ambiente solemne (digno, le llaman algunos grupos), la vida se torna lamentable, con una moral de explotadores, con actos que harían cuestionar si aquellos pertenecen a la comunidad de la Iglesia. Palabras de odio, actitudes de bajo honor, repulsa basada en el juicio (más bien pre-juicio) son la tónica de muchos quienes, a pesar de ello, no dudan en condenar a quienes están fuera de "la sana doctrina", o simplemente a quienes se les crucen por el camino. Pelambres, agresiones y omisiones, un verdadero antitestimonio, pero que los pone tranquilos, a sabiendas de que cumplen con mil y una normas, algunas verdaderas creaciones particulares.

Ante esta actitud farisaica, Jesús planta terreno. Llenarse de decretos y mandatos no me hará mejor persona. Pueda que me transforme en un esclavo de la letra, en un servidor del mandato, antes de ponerme ante la vida y reflexionar en torno a mi testimonio como cristiano. No valen los detalles ni las misas pontificales al dedillo, ni la cantidad de rosarios que rece por día, si ante el prójimo no tengo una actitud de vida, si en cada cosa que haga o deje de hacer ponga el sello del amor y la vida. Es la actitud desde lo mínimo, para nosotros mismos y para los demás, lo que cuenta. Y no es fácil, lo sé... pero la aventura de creer es eso: aventura creativa y llena de desafíos, que nos ilumina y que recibimos como don del Padre en Jesús, para enfrentar y dar sentido a la existencia, sabor.

Da pena, muchas veces, que personas que están dispuestas a pasar el día entero en el templo no puedan siquiera darse un poquito a la causa de los pobres y olvidados. Una película chilena decía "no basta con rezar". San Benito hablaba claro: "ora et labora".

Lo que importa, antes de volvernos locos en el cumplimiento, es lo que viene de adentro. Que de nuestro interior salgan las más genuinas expresiones del Evangelio es nuestro más digno ropaje. Que no importe tanto los puntos y las comas, los vestones y corbatas. Lo que hace a un cristiano tal es que aquello que sea dicho de Dios se encarne en nuestra existencia, que el sermón de la montaña vaya más allá de un memorizar pensamientos y hacerlos conceptos. Que sea palabra fecunda, que sea lo que se dice. Lo demás viene por añadidura, puede conservarse como también puede prescindirse. Que se deje lo bueno de lo viejo y lo nuevo, como que se guarde aquello que no ayude. ¿Acaso ése no es el espíritu de la tradición, la auténtica tradición cristiana?

Me despido con una historia: una mujer muy devota, verdadero mar de novenas, rosarios y misa diaria. Cumplidora cabal de lo más mínimo, no obstante hacía oídos sordos y manos apretadas ante muchos hombres que vivían en las calles, indigentes que abundaban en el camino de su casa a la parroquia.

Sin importarle lo que le rodeaba, asistía cada día a la celebración eucarística (imagino que ella no celebraba; más bien "oía misa"). Pero un día pasó algo terrible para sus costumbres rígidas.

Se atrasó un poco, pasó por medio de los pobres hombres que imploraban ayuda, sin pescarlos claro. Llegó a la parroquia, y se encontró, espantada, con que la puerta estaba cerrada. Sin saber que hacer, la pobre veterana entraba en verdadero pánico, pues su costumbre piadosa iba a cortarse, Pero de pronto, se encontró de frontón un cartel pegado en la entrada. Y este decía "TAMBIÉN ESTOY AFUERA".

Hagamos carne las palabras de Jesús, y también las del profeta Miqueas:

—Hombre, ya te he explicado lo que está bien,
   lo que el Señor desea de ti:
   que defiendas el derecho y ames la lealtad,
   y que seas humilde con tu Dios. (Mi 6, 8)

lunes, 24 de agosto de 2015

Lenguaje duro, por esclerosis propia (Jn 6, 60-70)

Una actitud puede traer efectos profundos en el resto de la existencia. Y las palabras ejercen un efecto tanto o más fuerte, como un palo en la cabeza, o como un bálsamo sanador. Sí, de eso no hay duda. Cuando recordamos acontecimientos que nos marcan no lo hacemos de manera neutra. Operó un cambio que movió alguna entraña, neurona, pensar...

Pero en ello también nuestra libertad tuvo mucho que ver. La decisión ante el mensaje determina finalemnte los efectos de éste a futuro, pudiendo ser una marca profunda que sella nuestra adhesión, como también una herida, ante la cual se reacciona con violencia o desaliento.

Me centro en dos puntos: Jn 6, 60 y 68s. Como siempre, hay buenos comentarios con respecto a otros aspectos en relación al Evangelio de este domingo.

Jn 6, 60 expresa el escándalo de los hasta ese entonces discípulos de Jesús, ante el discurso que hoy conocemos como el Pan de Vida. No cayó para nada bien que Jesús se proclamara como pan compartido, bajado del Cielo, pan de comunión con el Padre y de paso, con los demás. No.Palabras fuertes y duras. Pero qué tan duras es algo que hay que poner a la luz.

En el griego, la palabra que vemos como "duro" es sklêrós... ¿Les suena? Claro, de este término derivan otros, como esclerótico, esclerosis, etc. Sabemos de la existencia de la ELA, la temida y terrible esclerosis lateral amiotrófica.

Mucho tiene que ver con lo anterior, sin duda. Rigidez.

Para estas personas, son palabras que petrifican, pero no en el sentido de la sorpresa tremenda y potente. Es esa petrificación que inmoviliza, que deja quieto y que cuya reacción no es más que un aquietarse y asegurar los buenos dividendo de una vida sin exigencias. Es un hacerse-el-sordo, de esa sordera profunda que hace que cada parte de nuestra existencia como cristianos se vuelva un calmarse, un volverse rígido, una muerte en vida. No vale la pena escuchar al Rabbi, la ética de una comodidad es la mejor regla.

Y se hacen duros, se esclerotizan ante el anuncio de la generosidad de Dios, Dios que es pan, Dios que se comparte en el hijo. En cambio, una piedra no es posible de comer. Se puede partir, pero al final se hace polvo sin más. Al ser dura, sólo sirve para arena, y la arena no es buena base para afirmar la vida (Cf. Mt 7, 26).

La respuesta de Pedro es la respuesta que el discípulo está invitado a dar: Jesús es el que tiene "palabras de vida eterna", no como discurso de un sabio eminente o como filosofía de academia, de ésa que sirve para vanagloriarse y arrellenarse (o sea, esclerotizarse). La Palabra/Logos es la vida misma en Jesús, sus palabras son la vida de profunda entrega por el Reino, es palabra que habla por medio de signos/milagros, es Dios mismo, palabra creadora (Bereshit, Gn 1,1; En Arkhê, Jn 1, 1), que crea la vida y hace nuevas las cosas (Cf. Ap 21, 5). Es vida para todos y exigencia para una vida de coherencia profunda con la misión de Jesús.

"Santo de Dios" es el título equivalente a Cristo/Mesías/Ungido. Y el Cristo de Dios es profeta que grita que Dios está entre nosotros y que no se queda quieto (como el primer motor inmóvial aristotélico, el mismo Dios que han querido introducir en el mundo cristiano, de manera lamentable); es rey que con brazo fuerte se abre paso y abre camino a su descendencia que camina con Él; es sacerdote que actúa en lo sagrado del mundo, obra de la Palabra, que es ofrenda fecunda y vida para este mundo, para que se mueva y no se petrifique (ojo: Pedro es Roca, pero para ser fundamento y partida de salida).

Bien vale pensar y ver si estamos llenos del vigor de un Evangelio que trae vida, o somos presa de esa reacción de seguridad que vuelve inútil todo movimiento. No quedemos pegados, tal como el padre Esteban Gumucio ponía en boca de los enemigos de Jesús (y de los que fueron sus amigos por un rato):

"Si ha decidido sanar
a toda clase de gente.
¡Es un hombre subversivo!
Ante tanta confusión
yo me quedo con lo antiguo
"


¿Caminemos a lo nuevo? Que la vida sea siempre instancia de compromiso y movimiento vital. Lo vivo se mueve, no quedemos duros, por ver al Emmanuel, sino que celebremos al Dios que es dinamismo y nos da el Espíritu que vivifica.




lunes, 17 de agosto de 2015

Para ser torrente, hay que tener agua...

Ya he escrito, hace bastante tiempo, sobre el valor fundamental del mandamiento de amor a Dios-Amor al prójimo. Mc 8, 12-24 y sus paralelos de Lc 10, 25-28 y Mt 22, 34-40, en enfoques ligeramente diferentes, dejan claro que la exigencia cristiana pasa por entregarse de lleno a la causa de Dios y a la de los demás. Ser prójimo del otro es un acto que va unido profundamente a una vida de encuentro con el Dios vivo. Amar a Dios y amar al prójimo son una sola cosa.

Pero quedé un poco prendido de una pequeña parte de esta perícopa, a propósito de un encuentro sostenido este sábado con jóvenes de comunidades de egresados sscc. "Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Mc 12, 31). ¿Que sería eso de como a ti mismo?

El encuentro del sábado giró en torno al conocerse a sí mismo, a conectarse con el interior. Recuerdos, vivencias, anécdotas, tragedias y esperanzas; todo ello fluye en nuestra vida, en nuestros intersticios, en cada espacio de nuestra memoria. Con ello nos hacemos lo que somos, nos convertimos en un ser-se.

Es entonces que muchas veces olvidamos lo que somos, nos hacemos los pavos y tratamos de callar nuestras heridas con elementos banales, carentes de relevancia y que, en el fondo, nos sustraen de la vida interna y, a la postre, de la vida externa.

Porque lo que tenemos en nosotros también influye en lo externo, porque nuestra interioridad no puede quedar estancada, como el agua de un pantano. Muchas veces entregamos la corrupción de una existencia que se niega a sí misma, que se hunde en la tormenta del olvido del otro, tanto así que cuando queremos "amar" a los demás, se vuelve un ejercicio de amor propio, de egoísta consumación, de autobombo estéril.

Y a eso iba esta actividad. Al amarse uno mismo, es capaz de amar a los demás. No se trata de entrar en una búsqueda de un "yo-interno", como acto de profunda autocomplacencia espiritual y de egoísmo vital. Si puedo unir los cabos de mi vida, lo hago en la dimensión de Jesús; es decir, en la dimensión de la entrega fraterna, del pan compartido y del testimonio vital en general. 

Acoger y proclamar que el Reino está entre nosotros tiene que ver con lo que somos capaz de donar. Si nuestras existencias se muestran sin color, llenas de trancas, miedos y angustias sin sentido, no podremos dar amor a los otros sino como el pantano otorga sus pestilentes aguas a un canal con destino a la nada. Menos si hay vacío, pues seríamos como bronce que suena (Cf. 1Co 13, 1).

Al conocernos a nosotros mismos nos llenamos del amor de Dios, no para sentirnos satisfechos con nosotros. Al amar nuestra existencia, al juntar los cabos, podemos entendernos y amarnos tal cual nos ponemos frene a la vida. Al amarnos con amor profundo y generoso, podemos sanar nuestras heridas y culpas, y volcarnos sin temores a ser como el caudal de un río lleno de vigor, torrente que nutre y da vida a lo que nos rodea.

Insisto: esto no es meditación trascendental, que queda en el espacio del sujeto, sin mayor resultado para el entorno vital. Nos conocemos para amar, sin medida, a los demás. Amarse uno mismo, para amar al prójimo, para ser prójimo de los demás.
 
Es curioso, pero el silencio que buscamos en el encuentro personal no es para estar permanentemente así. Que sea siempre el comienzo de un armar lío, en clave de grito de justicia, de paz y fraterna vivencia cristiana en medio del mundo y junto al ser humano, al de nuestras comunidades cristianas y a los que viven en el agitado mundo que nos rodea. Que la muerte, silencio del amor (P. Manns), no triunfe en un mundo plagado de sonidos estériles, que nos hacen olvidar el enorme valor de nuestras vidas y personalidades. Que sean forja para dar de beber al mundo el agua de la fiesta y el gozo, agua que nace de quien se ha encontrado con amor con quien es: Hijo amado de Dios, hermano de Jesús, amigo de los hombres.