y ese emblema es la sonrisa de la
esperanza de ese fuego que que no destruye
ni abrasa los sueños,
sino que
abraza.
Es la esperanza de un ser como los árboles,
como el pasto fresco, de ser
la casa de cada uno, de todos,
esa que acoje libre de los pinos y de los
males de la modernidad.
***
Ser árbol, para solidarizar con las raíces de una tierra rota
y convertida en el desierto más verde visto por
el alma triste del triste hombre,
que tristemente recibe los tristes verdes billetes de la
verde vergüenza.
Ser la tierra, la que le privaron de los amaneceres jugosos,
los néctares de la montaña herida,
el agua de los manantiales nocturnos,
y que se convirtió en el verde más desierto visto.
Ser el noble animal, el que sea, porque son todos nobles, tan nobles
como el verde de verdad, que es visto por emociones,
no el visto más desierto y verde.
Ser humano, como aquél que, despojado,
se hizo más noble que los despojadores, que como el
verde desierto, dejaban ver su vacío color pino, y les pĺantaba
al frente con un hacha, un sueño y la
generosidad de la harina tostada, sólo
con palabras dimensionales y totales.
Ser como los niños de futuro, de espacios infinitos
de verde sonrisa, de árbol de frutos
un mañana constante
llenos de armas contra desiertos
de ciertos egoístas
de ciertos comensales no invitados
de cientos de sangradores de pisos honorables y fecundos
Configuración
verde de verdad, de las mañanas de amanecer.
The love is the dance of eternity (Dream Theater, Metropolis part 1: The Miracle and the Sleeper)
miércoles, 1 de febrero de 2017
miércoles, 25 de enero de 2017
La vida de Hernán (un desahogo)
Nunca conocí a Hernán. Era de Santiago, un bombero casado y con dos hijos, trabajador del MOP. Un voluntario que donaba su tiempo al combate de las llamas, donde se le llamara. Eso lo dijo la prensa. También supe que murió.
Murió en su puesto, con las botas bien colocadas, dando la vida por una familia que se pudo salvar. Era su misión, su objetivo, y lo logró. Un héroe, como los de antaño, de esos de muerte no vana, porque desprecian la muerte, la aborrecen. Aman tanto la vida, que su fragilidad pasa a un segundo plano.
El fuego inunda el país. Cientos de hectáreas son arrasadas por el paso cruel e ígneo de un elemento al cual temo, en lo personal. Familias quedan sin casas, pueblos completos quedan atrapados, cientos ven con desesperación perder sus vidas, enseres, animales. La misma desesperación con la cual cientos de bomberos y voluntarios tratan de apaciguar las indomables y salvajes estelas de un fuego criminal.
¿Quién tiene la culpa de esto? Hay varios responsables, por diversas razones, igual de graves:
- El descuido de todos, al encender mal una fogata, lanzar una colilla de cigarro al pasto, al realizar una quema agrícola... Pero, en esta coyuntura, el culpable parece ser, a las claras, la piromanía de ciertas gentes que, en el gozo enfermo de ver todo arder, dan partidas a las tragedias que están sucediendo. Ellos mataron a Hernán, sólo por sentirse imponentes ante el más temible de los elementos.
- Se habla de tragedia ecológica sin precedentes. Seamos serios: la tragedia ya partió hace décadas, con una política de destrucción masiva del bosque nativo y su reemplazo por el monocultivo de pinos y eucaliptus, los que han secado y acidificado la tierra. Estos árboles tienen elementos químicos que exacerban el fuego, lo avivan. Pero esas cosas son nimiedades al lado de los suculentos recursos de las tres familias controladoras del bosque... Bosque! pero eso no es un bosque, es una plantación, un cultivo de pan para hoy, hambre y fuego para mañana (o para hoy también). Todo esto, con el alto auspicio del estado de Chile, adivinen desde cuando.
- Un estado chileno que es cómplice de este generoso obsequio a las forestales, y que además carece de elementos de lucha eficaz para este tipo de desastres. La prevención y lucha contra los incendios forestales no son una política de estado! Y seamos serios: no es culpa de Bachelet. Simplemente ha sido continuadora de un olvido de años, desde Aylwin en adelante. La negligencia trasciende gobiernos, y no hay muchos visos de mejorar.
Veía en la tele las angustias y pesares de tantos habitantes, viendo con impotencia como todo se hacía cenizas. Claro, también esto con bastante discernimiento, tomando en consideración la atracción por el morbo de la tv chilena, gozadora de los puntos del rating, sin importar ver llorar y desgarrarse a las familias. Basta también de esta canallada.
Pensemos en ellos, en tantos que hoy no se van a dormir por salvar la vida, producto de tantos responsables que han dejado un daño terrible y, en muchos casos, irreparable.
Pensemos en la responsabilidad para con la casa común, nuestra tierra... ¿Tendrán que seguir ocurriendo estos horrores para tomar cartas y dejar de lado el egoísmo neoliberal y el dinero fácil que destruye nuestro planeta?
Y pienso en la vida de Hernán, cortada en sus 27 años. Cuántos más tendrán que partir? Pero el no partió. La nobleza de él y de los voluntarios que pelean la batalla contra las llamas los hace inmortales. Cuánto les debemos!
Murió en su puesto, con las botas bien colocadas, dando la vida por una familia que se pudo salvar. Era su misión, su objetivo, y lo logró. Un héroe, como los de antaño, de esos de muerte no vana, porque desprecian la muerte, la aborrecen. Aman tanto la vida, que su fragilidad pasa a un segundo plano.
El fuego inunda el país. Cientos de hectáreas son arrasadas por el paso cruel e ígneo de un elemento al cual temo, en lo personal. Familias quedan sin casas, pueblos completos quedan atrapados, cientos ven con desesperación perder sus vidas, enseres, animales. La misma desesperación con la cual cientos de bomberos y voluntarios tratan de apaciguar las indomables y salvajes estelas de un fuego criminal.
¿Quién tiene la culpa de esto? Hay varios responsables, por diversas razones, igual de graves:
- El descuido de todos, al encender mal una fogata, lanzar una colilla de cigarro al pasto, al realizar una quema agrícola... Pero, en esta coyuntura, el culpable parece ser, a las claras, la piromanía de ciertas gentes que, en el gozo enfermo de ver todo arder, dan partidas a las tragedias que están sucediendo. Ellos mataron a Hernán, sólo por sentirse imponentes ante el más temible de los elementos.
- Se habla de tragedia ecológica sin precedentes. Seamos serios: la tragedia ya partió hace décadas, con una política de destrucción masiva del bosque nativo y su reemplazo por el monocultivo de pinos y eucaliptus, los que han secado y acidificado la tierra. Estos árboles tienen elementos químicos que exacerban el fuego, lo avivan. Pero esas cosas son nimiedades al lado de los suculentos recursos de las tres familias controladoras del bosque... Bosque! pero eso no es un bosque, es una plantación, un cultivo de pan para hoy, hambre y fuego para mañana (o para hoy también). Todo esto, con el alto auspicio del estado de Chile, adivinen desde cuando.
- Un estado chileno que es cómplice de este generoso obsequio a las forestales, y que además carece de elementos de lucha eficaz para este tipo de desastres. La prevención y lucha contra los incendios forestales no son una política de estado! Y seamos serios: no es culpa de Bachelet. Simplemente ha sido continuadora de un olvido de años, desde Aylwin en adelante. La negligencia trasciende gobiernos, y no hay muchos visos de mejorar.
Veía en la tele las angustias y pesares de tantos habitantes, viendo con impotencia como todo se hacía cenizas. Claro, también esto con bastante discernimiento, tomando en consideración la atracción por el morbo de la tv chilena, gozadora de los puntos del rating, sin importar ver llorar y desgarrarse a las familias. Basta también de esta canallada.
Pensemos en ellos, en tantos que hoy no se van a dormir por salvar la vida, producto de tantos responsables que han dejado un daño terrible y, en muchos casos, irreparable.
Pensemos en la responsabilidad para con la casa común, nuestra tierra... ¿Tendrán que seguir ocurriendo estos horrores para tomar cartas y dejar de lado el egoísmo neoliberal y el dinero fácil que destruye nuestro planeta?
Y pienso en la vida de Hernán, cortada en sus 27 años. Cuántos más tendrán que partir? Pero el no partió. La nobleza de él y de los voluntarios que pelean la batalla contra las llamas los hace inmortales. Cuánto les debemos!
domingo, 22 de enero de 2017
Caminar, misión... Una vida
Quiero partir reconociendo que no quería ir. Que no anhelaba nada que fuera salir de este estado de pena que me carcomía, por el dolor de una traición a una promesa profunda que me destrozaba y me inmovilizaba hasta la petrificación. Mi corazón pasaba por la herida y no volvía a ser luz de nada. No quería nada, la verdad de las cosas.
Pero, finalmente, tomé mis pertrechos, mi llagado ser, miedo por montones. Plato, Biblia, mente por otros lindes, Esteban y Bauman acompañaban a mi tiple.
La misión. Encuentro con rostros que veía con frecuencia, pero con los cuales poco o nada había departido. Muchos asesores de comunidades y gentes de diversos sitios de la provincia. Chicos de la Argentina que cruzaron la cordillera y acompañaron con toda la vida a las hordas de muchachas y muchachos con deseo ardiente de salir a la misión. Yo estaba asustado, tenía miedo, mucho.
Un pequeño grupo de estos chicos fue asignado para viajar al interior del centro principal de nuestra misión (ya la estaba apropiando, quizá como quien se aferra al salvavidas). Desde Quilacoya, localidad de Hualqui, partimos a otros sector, aun más lejano y aislado. Barrancas Juntas era su nombre.
Lo que ocurrió en ese sitio fue simplemente indescriptible. Un semana de entrega generosa de la vida por parte de 11 personas y de quienes fueron esporádicamente fueron simplemente el motivo de reafirmar mi vida, mi fe siempre tormentosa, que anda siempre rogando al Nazareno que detenga la tormenta que inunda la barca de mi vida. Fue el espacio que anhelaba y al cual, en algún instante, quería sustraerme.
Los largos caminos del campo fueron un Evangelio abierto que mostraba, en las letras y frases de los árboles, el polvo, el viento y el calor, mensajes de vida de quienes hacían de ese paraje un cielo. La generosidad de las mujeres y hombres de Barrancas Juntas fueron un cuestionamiento claro y potente al egoísmo imperante en las ciudades de cemento y dolor. Hace tanto que no veía manos, palabras, gestos, risas y miradas de una pureza sincera, trasparente y llenas de la fe de los sencillos, aquélla que descoloca a los teólogos, los letrados y sabiondos del mundo. En Barrancas Juntas vive el Señor, caminando en esos rostros llenos de trabajo sacrificado, de humildad profunda. Caminaba Jesús por aquel lugar, en esperanza.
Nuestra comunidad de misioneros fue otro sitio en donde pude ver algo que hizo vuelco en la vida. Vi el amor entre amigos, hermanos inflamados por los corazones de Jesús y de la Virgen morena. Vi el cariño, la preocupación, contemplé la vida alegre y diáfana de una juventud que no es sólo cronológica, sino que es una experiencia constante, una actitud. Me sentí uno de ellos, me vi recuperando un tiempo que, pensaba yo, había ya perdido en el camino de los años y por tantas leseras vividas que fueron catarata en mis ojos. En ese lugar resucité, y sé que ellos también, a la luz de sus palabras, sus testimonios y de las geniales conversaciones privilegiadas en los caminos que se abren (frase pegada durante este tiempo). Son un tesoro, chiquillos... Gracias, sin ustedes esto no tendría sentido. Ustedes reafirman el que esté en la pastoral de egresados SSCC, el que vea en este espacio de fe vivida y anunciada la casa que por tanto tiempo buscaba. Son pura luz.
Dios no hace nada en vano, muestra un camino al cual podemos optar por seguir. Y eso hice yo, y eso fue lo que ocurrió a nuestras vidas, existencias. En ese transitar fuimos escuchando la voz del Nazareno, sentimos su presencia en lo natural, en las estrellas, en el amor, en el anhelo silencioso de justicia... Y nos configuramos con ese corazón, fuimos con Jesús hombres-para-los-demás, como diría otro enamorado de Jesús y de la causa del Reino, Dietrich Bonhoeffer.
Que los Sagrados Corazones nos llenen de fuego para anunciar, para vivir y para ser luz en medio del mundo, tal como ocurrió en nuestro amado Barrancas Juntas y en la misión de Quilacoya.
Y que nos endilguen siempre
por nuestras vidas.
Bendiciones... y Shalom.
Eres mi futuro y mi presente, Jesucristo;
mi horizonte sobre llanuras anheladas.
Desde ayer eres mi amigo:
desde siempre.
En la noche extiendo mi mano adolescente,
toco tus ojos, adivino tu mirada.
Eres canto, rocío, llamada
que despierta lo mejor de mi secreto.
Eres la fuerza de ser libre;
contigo voy clavando pasos monte arriba,
y cuando todo mi contorno se estremece
eres Tú el amigo, y permaneces.
(Tata Esteban Gumucio SSCC)
Pero, finalmente, tomé mis pertrechos, mi llagado ser, miedo por montones. Plato, Biblia, mente por otros lindes, Esteban y Bauman acompañaban a mi tiple.
La misión. Encuentro con rostros que veía con frecuencia, pero con los cuales poco o nada había departido. Muchos asesores de comunidades y gentes de diversos sitios de la provincia. Chicos de la Argentina que cruzaron la cordillera y acompañaron con toda la vida a las hordas de muchachas y muchachos con deseo ardiente de salir a la misión. Yo estaba asustado, tenía miedo, mucho.
Un pequeño grupo de estos chicos fue asignado para viajar al interior del centro principal de nuestra misión (ya la estaba apropiando, quizá como quien se aferra al salvavidas). Desde Quilacoya, localidad de Hualqui, partimos a otros sector, aun más lejano y aislado. Barrancas Juntas era su nombre.
Lo que ocurrió en ese sitio fue simplemente indescriptible. Un semana de entrega generosa de la vida por parte de 11 personas y de quienes fueron esporádicamente fueron simplemente el motivo de reafirmar mi vida, mi fe siempre tormentosa, que anda siempre rogando al Nazareno que detenga la tormenta que inunda la barca de mi vida. Fue el espacio que anhelaba y al cual, en algún instante, quería sustraerme.
Los largos caminos del campo fueron un Evangelio abierto que mostraba, en las letras y frases de los árboles, el polvo, el viento y el calor, mensajes de vida de quienes hacían de ese paraje un cielo. La generosidad de las mujeres y hombres de Barrancas Juntas fueron un cuestionamiento claro y potente al egoísmo imperante en las ciudades de cemento y dolor. Hace tanto que no veía manos, palabras, gestos, risas y miradas de una pureza sincera, trasparente y llenas de la fe de los sencillos, aquélla que descoloca a los teólogos, los letrados y sabiondos del mundo. En Barrancas Juntas vive el Señor, caminando en esos rostros llenos de trabajo sacrificado, de humildad profunda. Caminaba Jesús por aquel lugar, en esperanza.
Nuestra comunidad de misioneros fue otro sitio en donde pude ver algo que hizo vuelco en la vida. Vi el amor entre amigos, hermanos inflamados por los corazones de Jesús y de la Virgen morena. Vi el cariño, la preocupación, contemplé la vida alegre y diáfana de una juventud que no es sólo cronológica, sino que es una experiencia constante, una actitud. Me sentí uno de ellos, me vi recuperando un tiempo que, pensaba yo, había ya perdido en el camino de los años y por tantas leseras vividas que fueron catarata en mis ojos. En ese lugar resucité, y sé que ellos también, a la luz de sus palabras, sus testimonios y de las geniales conversaciones privilegiadas en los caminos que se abren (frase pegada durante este tiempo). Son un tesoro, chiquillos... Gracias, sin ustedes esto no tendría sentido. Ustedes reafirman el que esté en la pastoral de egresados SSCC, el que vea en este espacio de fe vivida y anunciada la casa que por tanto tiempo buscaba. Son pura luz.
Dios no hace nada en vano, muestra un camino al cual podemos optar por seguir. Y eso hice yo, y eso fue lo que ocurrió a nuestras vidas, existencias. En ese transitar fuimos escuchando la voz del Nazareno, sentimos su presencia en lo natural, en las estrellas, en el amor, en el anhelo silencioso de justicia... Y nos configuramos con ese corazón, fuimos con Jesús hombres-para-los-demás, como diría otro enamorado de Jesús y de la causa del Reino, Dietrich Bonhoeffer. Que los Sagrados Corazones nos llenen de fuego para anunciar, para vivir y para ser luz en medio del mundo, tal como ocurrió en nuestro amado Barrancas Juntas y en la misión de Quilacoya.
Y que nos endilguen siempre
por nuestras vidas.
Bendiciones... y Shalom.
Eres mi futuro y mi presente, Jesucristo;
mi horizonte sobre llanuras anheladas.
Desde ayer eres mi amigo:
desde siempre.
En la noche extiendo mi mano adolescente,
toco tus ojos, adivino tu mirada.
Eres canto, rocío, llamada
que despierta lo mejor de mi secreto.
Eres la fuerza de ser libre;
contigo voy clavando pasos monte arriba,
y cuando todo mi contorno se estremece
eres Tú el amigo, y permaneces.
(Tata Esteban Gumucio SSCC)
lunes, 17 de octubre de 2016
Constantes
No paren, aunque los mares secos
se vuelvan un puro sueño
desconcertado.
Aunque los llantos sean más que
los rotos
pañuelos del consuelo.
No paren.
Hasta que las velas no ardan
o hasta los complejos de abstinencia.
No dejen de hacer, de llorar, de reír o
lanzar la foca.
No paren. No
paren.
Hasta que la esperanza sea pan
de cada día y
de cada árbol noble abonado.
Hasta que rías, hasta que sueñes, hasta
que la mentira sea
un ahogo que ya se
marchó. Hasta que
el grito se infunda valor y siembre
amores dulces y la
vida.
Por favor, no pares de hablar
palabras carne
manos que rezan,
canciones dulces.
Cosa de no parar
vivir con vida para todos.

se vuelvan un puro sueño
desconcertado.
Aunque los llantos sean más que
los rotos
pañuelos del consuelo.
No paren.
Hasta que las velas no ardan
o hasta los complejos de abstinencia.
No dejen de hacer, de llorar, de reír o
lanzar la foca.
No paren. No
paren.
Hasta que la esperanza sea pan
de cada día y
de cada árbol noble abonado.
Hasta que rías, hasta que sueñes, hasta
que la mentira sea
un ahogo que ya se
marchó. Hasta que
el grito se infunda valor y siembre
amores dulces y la
vida.
Por favor, no pares de hablar
palabras carne
manos que rezan,
canciones dulces.
Cosa de no parar
vivir con vida para todos.

domingo, 9 de octubre de 2016
Descarga
Pero si íbamos tan bien.
No existirá el día de la paz,
la jornada amable,
un minuto siquiera?
Pero siento que estoy llamado
a ser hombre de
tormentas.
Sólo eso, y las tormentas
lanzan a todos lados los
corazones que vienen, para bajar
una fiebre molesta
una vida sin luz.
Necesito la paz,
encarnada. Sino,
noche
lo siento.

No existirá el día de la paz,
la jornada amable,
un minuto siquiera?
Pero siento que estoy llamado
a ser hombre de
tormentas.
Sólo eso, y las tormentas
lanzan a todos lados los
corazones que vienen, para bajar
una fiebre molesta
una vida sin luz.
Necesito la paz,
encarnada. Sino,
noche
lo siento.

lunes, 26 de septiembre de 2016
Horizontes, otros, todos
Escuchando la vida, sus signos y propuestas de existencia, son uno de los momentos más cruciales a la hora de definir el camino que cada uno de nosotros emprende. Y siempre ese camino involucra un otro, ese andar se transforma en acciones que involucran un nosotros.Esta sociedad de rendimiento nos enceguece ante quien tenemos en frente. Lo miramos en un plano inferior, de utilidad sin más, y las relaciones humanas pasan de ser en dimensión fraterna a una dimensión productiva, de simple negocio. Eres importante en cuanto sirves al impulso egoísta de un yo, que se vuelve ídolo de absoluta envergadura.
Tenemos que perdernos en el otro de todos los hombres, para así vernos en identidad propia. No es perder la propia persona y confundirse, sino que, al considerar al otro, me fortalezco en plenitud, puedo mirar sin temor a los otros-Otros. Al sentirme hermano de cada uno de los seres humanos, me reconozco humano y digno.
Lázaro y el rico (cf. Lc 16, 19-31) se vuelven un llamado, a escuchar a Jesús y de actuar en configuración y concordancia a su mensaje y obrar. Lo que escuchamos en nuestra vida de de fe, lo que recibimos en nuestras parroquias, catequesis, etc., debe encarnarse y volverse un acto de amor sin límites, desbordante, loco por los que son explotados y sufren la esclavitud, en todos sus amplios aspectos. Llevar a todos al seno de Abraham, porque toda escatología y esperanza no tiene sentido si no comienza hoy. El Reino se nos ofrece ahora, es ahora donde debemos vivirlo, acogerlo, y convertir esa acogida en exigencia y acción por un mundo más justo y fraterno. No volverse el Rico (Epulón, como se decía antaño), terminar enterrado. Olvidarse del otro para dar rienda suelta al onanismo existencial del lujo, o, peor aun, usar al otro para volverse cada vez más ensimismado en su poder, significa un espacio de alejamiento, de insalvable abismo. Significa enterrarse, morir.
Tenemos una responsabilidad, vivir en amor y fraternidad, y volcar la vida a unir los horizontes, para que todos podamos compartir la alegría de sabernos hijos del mismo Padre. Y no tomarlo como un deber de militar, sino como un hacer lleno de gozo! Quien cree en el Señor de la Vida, quiere donar la vida por los demás, enfrentar todo obstáculo que impida la dignidad de todo ser humano, su libertad creativa.
El desafío: reconversión, pasar de la mentalidad "epulona", a ser servidores que levantan a los Lázaros de la vida.
lunes, 19 de septiembre de 2016
Cuándo entenderemos
que la patria son los hombres
que labran la tierra
y la fecundan con canciones, poesía,
el sol y la manos, las aguas y las conversaciones?
Es la esperanza la que mueve los
corazones herreficados.
Los fusiles son la tentación
del amor fácil y estruendoso,
son el amor propio.
Amar es dar
es mar y cordillera, es espacio para otros
de otros que bailan para hacer las cosas más
únicas, alegres, mejores.
Es la oración de la mañana, de quien mira hacia el metro cuadrado,
y se da cuenta que el metro es un torbellino de
historias.
La patria no es más que un corazón generoso, sin límites,
sin fronteras presuntuosas ni marchas de soldados
sangre de ofrenda de poderes y de dinero fresco
rociado de hemoglobina.
Es sólo el hijo que llora, la madre que mece,
un beso, un abrazo, un espacio que no existe
porque sin el otro, nadie surge
sino como un numeral.
Es un pan que se ofrece calientito, como
el alma, como el corazón generoso.
Como vino fresco.
Amor, eso falta. Más amor, menos fusiles.
Ser-para-los-demás.
que labran la tierra
y la fecundan con canciones, poesía,
el sol y la manos, las aguas y las conversaciones?
Es la esperanza la que mueve los
corazones herreficados.
Los fusiles son la tentación
del amor fácil y estruendoso,
son el amor propio.
Amar es dar
es mar y cordillera, es espacio para otros
de otros que bailan para hacer las cosas más
únicas, alegres, mejores.
Es la oración de la mañana, de quien mira hacia el metro cuadrado,
y se da cuenta que el metro es un torbellino de
historias.
La patria no es más que un corazón generoso, sin límites,
sin fronteras presuntuosas ni marchas de soldados
sangre de ofrenda de poderes y de dinero fresco
rociado de hemoglobina.
Es sólo el hijo que llora, la madre que mece,
un beso, un abrazo, un espacio que no existe
porque sin el otro, nadie surge
sino como un numeral.
Es un pan que se ofrece calientito, como
el alma, como el corazón generoso.
Como vino fresco.
Amor, eso falta. Más amor, menos fusiles.
Ser-para-los-demás.
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